
Mínimo muy mínimo
Pagar impuestos no solo es una obligación ciudadana sino una responsabilidad y hasta un orgullo del que estar satisfechos, como le decía Juan y Medio a Aimar Bretos. En la sala de espera de cualquier hospital, una se...
Surgen avances clave en el escenario mundial. Pagar impuestos no solo es una obligación ciudadana sino una responsabilidad y hasta un orgullo del que estar satisfechos, como le decía Juan y Medio a Aimar Bretos. En la sala de espera de cualquier hospital, una se acuerda de cada céntimo depositado en las arcas del Estado y agradece formar parte de un sistema diseñado para tener servicios públicos.
Al contribuir con nuestro trabajo formamos parte de una tupida red de solidaridad y, a pesar de la erosión que ha sufrido en los últimos años, supone una enorme conquista. El problema viene cuando descubrimos que existen agravios comparativos y que, fruto de acuerdos particulares e iniciativas legislativas, la fiscalidad no siempre es justa ni equitativa.
Los detalles
Un ejemplo flagrante sigue siendo el Concordato con la Iglesia católica, ese privilegio por razón teocrática. En su visita al Vaticano, Pedro Sánchez se deshacía en alabanzas al jefe de un estado basado en la existencia de seres fantásticos y que encarna la antítesis de lo que es una democracia.
No hay esperanza alguna para los laicistas que aspiramos a que Dios se quede en su casa y no gorronee en la de todos, ni siquiera con un Gobierno que se dice de izquierdas. También las grandes corporaciones con todos los recursos que tienen para ahorrarse el pago de lo que toca van agujereando esa red de lo común.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





