
Ángel del Río, el español que acogió a Lorca en Nueva York y a la diáspora intelectual tras la Guerra Civil: “Nunca dejaron de hablar de España”
El nombre de Enrique Andrés Ruiz (Soria, 1961) es uno de esos que puede encontrarse en todo tipo de libros. Autor difícil de encasillar, se ha movido durante décadas con absoluta comodidad entre poemarios, novelas,...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El nombre de Enrique Andrés Ruiz (Soria, 1961) es uno de esos que puede encontrarse en todo tipo de libros. Autor difícil de encasillar, se ha movido durante décadas con absoluta comodidad entre poemarios, novelas, ensayos y otros textos periodísticos. Sin embargo, la experiencia no siempre resuelve todas las dudas, sino que enseña a convivir con ellas y utilizarlas a favor.
“Por lo menos en mi caso, los libros no se escriben como se levanta un edificio. No se sabe cuándo se pone la primera piedra y la bandera en el tejado, cuándo se van acumulando las sensaciones, las informaciones y las intenciones hasta que te encuentras con eso delante”. Con Míster Ángel del Río.
Los detalles
Novela de los nombres (Periférica) pasa algo parecido. Costaría responder cuándo este intelectual español en Estados Unidos, clave en el desarrollo de los estudios del castellano a nivel internacional, acabó convirtiéndose en una novela. “Nunca estoy escribiendo un libro como quien coge un mazo de folios y comienza por el primero y acaba con el último.
Más bien se trata de apuntes, de notas fragmentarias, de arrebatos o, si quieres llamarlo así, de inspiración”. De ese proceso orgánico, sin embargo, nació una historia en la que un narrador va tras la pista de este profesor universitario nacido en Soria y afincado en Nueva York. Por el camino, se encuentra con retazos del exilio intelectual español en América tras la Guerra Civil; una larga travesía en la que, del México posrevolucionario al macartismo en Estados Unidos, contrastan iconos de la cultura universal (Antonio Machado, Pedro Salinas, Ernest Hemingway e incluso Marilyn Monroe) con otros individuos sepultados por la historia.
El resultado es una exploración del frágil puente tendido entre lo que sabemos, lo que inventamos y lo que la literatura puede aportar a todos los nombres que se han perdido en el pasado. Cuando Federico se escapaba de casaEnrique Andrés Ruiz sitúa a Ángel del Río como un intelectual clave en el desarrollo del hispanismo, aunque confinado muchas veces a la sombra de los grandes nombres con los que convivió. “Ángel del Río fue durante mucho tiempo, en el ámbito universitario, un autor muy conocido por haber escrito una célebre Historia de la literatura española, que fue un manual muy manejado en todas las facultades de Filosofía y Letras y sobre todo de Filología Hispánica”.
Qué dicen los expertos
Lejos del protagonismo de los poetas y narradores a los que estudió, Del Río aparece como “el que escribe la historia”, el que la escrutina, “pero no forma parte de ella”. En este sentido, cobra especial relevancia su vínculo con el mayor nombre de toda la Generación del 27: Federico García Lorca. “Ángel del Río es una de las personas que recibió a Federico en los muelles del puerto de Nueva York, en el famoso viaje de Lorca a Nueva York y La Habana el año 29, del que surgió luego Poeta en Nueva York”, explica Andrés Ruiz.
La relación entre ambos fue “muy estrecha, muy íntima, muy distinta de las otras amistades íntimas, por decirlo así, de Federico García Lorca, pero igualmente estrecha”. El paso de García Lorca por Nueva York coincidió con un momento de crisis personal y creativa para el poeta. “Federico García Lorca en el año 29 pasaba por un momento muy difícil de su vida.
Había tenido una decepción amorosa muy reciente. También estaba muy contrariado porque, incluso entre sus propios amigos, le habían creado una fama de poeta andalucista, casi folclórico, que a él no le gustaba nada”. Frente a esto, Ángel del Río y Amelia Agostini (su mujer) intentaron cuidar de él, cosa que no era fácil porque “se les escapaba, se perdía por Harlem, no volvía a las horas que tenía que volver, no sabían dónde estaba”.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





