
“No hay palabras que calmen la ausencia”: la emoción del ex vocero de la Armada al recordar a la dotación del ARA San Juan
“Es una pérdida irreparable, inconmensurable. No hay palabras que calmen la ausencia”.La expresión sentida, venida de lo hondo, surge de la boca de quien supo encarnar la voz de la Armada ante la sociedad durante los...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. “Es una pérdida irreparable, inconmensurable. No hay palabras que calmen la ausencia”. La expresión sentida, venida de lo hondo, surge de la boca de quien supo encarnar la voz de la Armada ante la sociedad durante los primeros días de la tragedia que conmovió a un país entero.
Allí están los 26 días seguidos con conferencias de prensa en el Edificio Libertad, frente a las cámaras de todos los medios de comunicación, casi en cadena nacional, con la información que iba llegando y decodificándose en tiempo real, con familiares en la angustiosa espera de algún indicio en el mar que llevara al reencuentro con los suyos. Épocas de una convulsión generalizada, con una Marina enfrentando algo súbito y dando los primeros pasos hacia un camino de disrupción interna, con búsquedas apresuradas de un culpable en los despachos, mientras afuera, en un tormentoso océano atlántico, se desplegaba una operación de búsqueda y rescate sin igual, hasta con voluntarios embarcados con la inquieta esperanza de confirmar la sospecha primera: que todo era un problema de comunicaciones entre el submarino y su comando en tierra. A los días llegó la “anomalía hidroacústica” de las 10:51, “consistente” con una implosión de un casco.
Los detalles
Desde entonces: la tragedia, la cara de lo insondable. Un abismo de angustia para cada una de las familias. Un desgarro para todo el cuerpo naval.
Desde entonces el dolor abisal. Y el “misterio técnico”, tal como declaró un testigo ingeniero durante el juicio oral que tramita desde hace casi 2 meses en la ciudad de Río Gallegos, en manos del Tribunal Oral Federal de Santa Cruz. Si bien el proceso procura determinar si existieron responsabilidades penales en la cadena de comando operativo de la Armada, en virtud de la misión que llevó al San Juan a navegar su última patrulla, las 24 largas audiencias a la luz del público y de riguroso contenido técnico, van permitiendo inferir que, al final de todas las hipótesis que se barajan sobre lo ocurrido aquel 15 de noviembre de 2017, lo único que permanece es un gran misterio.
La tragedia está compuesta de incógnitas, que se muestran en el hecho de no saber qué ocurrió fehacientemente entre la última conexión del buque con el Comando de la Fuerza de Submarinos y su hora fatídica, registrada por sonares de entidades internacionales como la US NAVY y la CTBTO. Además del árido contenido de las audiencias, que vienen abordando saberes de ingeniería naval y conceptos de especialización química, mecánica, física y hasta estratégico-operativa, los cuatro jueces que forman parte del proceso judicial han escuchado una docena de testimonios que dieron cuenta de la experiencia subjetiva de un dolor colectivo. Allí se podría inscribir el testimonio de unas casi tres horas que ofreció esta semana el contralmirante retirado Enrique Balbi, ex jefe de Prensa: el oficial submarinista a cargo de contestar preguntas en nombre de la Armada y de intentar bajar al llano las implicancias técnicas de una pérdida de contacto con un submarino, la apertura de un caso SARSUB, su cierre, y hasta la anomalía hidroacústica en el medio del Atlántico.
Qué dicen los expertos
“Voy a tratar de no quebrarme”, advirtió Balbi apenas comenzó a responder una pregunta del abogado Luis Tagliapietra, padre de uno de los oficiales que viajaban a bordo del submarino y que estaba haciendo sus primeras singladuras como alumno de esa Escuela de armas. Tagliapietra es querellante desde el principio de la causa, que se inició en Caleta Olivia bajo la dirección de la jueza Marta Yañez, a quien suele criticar por haber enviado un expediente a juicio sin concretar ninguna pericia técnica que pudiera analizar -de máxima- los restos del naufragio y -de mínima- las imágenes de éstos. Aún así, antes del registro más emocional de la declaración, Tagliapietra mantuvo con el testigo un extenso intercambio sobre las decisiones adoptadas por la cadena de mando tras el envío del SITREP, ese reporte donde la tripulación dejó por escrito -el miércoles 15 de noviembre a las 6 de la mañana- un ingreso de agua de mar por el sistema de ventilación, un cortocircuito y un principio de incendio eléctrico en las baterías de proa.
El querellante le preguntó puntualmente si, frente a ese escenario, el entonces comandante de la Fuerza de Submarinos (COFS), Claudio Villamide, apostado en Mar del Plata, debía haber convocado a su Estado Mayor para analizar la incidencia informada por su subordinado y comandante del buque, el capitán de de fragata Pedro Fernández. “Ante una situación como la del SITREP y todo lo que sucedió entre el 14 y el 15 de noviembre, ¿el comandante de fuerza debe convocar a su Estado Mayor para asesoramiento y para tomar decisiones en función de lo que pudiera tener que resolverse? ¿O es potestad suya decidir si quiere hacerlo o no?
”, planteó el padre del teniente de corbeta Alejandro Damián Tagliapietra. Balbi respondió que esa determinación quedaba librada exclusivamente al criterio del comandante. “Es potestad de él querer convocarlo o no; está en todo su derecho.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




