
Personas altamente autoexigentes: cómo evitar el agotamiento y vivir con menos presión
Cualquiera podría decir que autoexigirse es la clave para muchos logros, pero vivir bajo un máximo nivel de presión, acompañado de autocrítica intensa y un fuerte temor al fracaso no es saludable. La Real Academia...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Cualquiera podría decir que autoexigirse es la clave para muchos logros, pero vivir bajo un máximo nivel de presión, acompañado de autocrítica intensa y un fuerte temor al fracaso no es saludable. La Real Academia Española define a la autoexigencia como el grado de exigencia o presión que alguien se impone a sí mismo, algo que, llevado al extremo, se vincula con el perfeccionismo. La pregunta es: ¿cuándo la autoexigencia pasa de ser una fortaleza a ser un problema?
El licenciado Rodrigo Pereda, miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, explicó a Infobae que la autoexigencia en sí misma no es algo bueno o malo, sino que se presenta como un rasgo continuo que puede ir desde formas saludables hasta volverse disfuncional. “En su forma más saludable, puede presentarse como una aliada que impulsa a las personas a proponerse objetivos desafiantes, desarrollar disciplina y experimentar satisfacción al alcanzarlos. En estos casos, estas metas son realistas y flexibles, permitiendo aprender de los errores", detalló.
Los detalles
El problema —señaló— aparece cuando esas exigencias se vuelven excesivamente rígidas, inflexibles o difíciles de alcanzar. “En ese punto, la autoexigencia adopta un funcionamiento desadaptativo, donde la persona siente que siempre debe rendir al máximo, que equivocarse no es una opción y que cualquier resultado inferior al esperado representa un fracaso", advirtió. Pereda considera que, cuando estas situaciones se repiten a lo largo del tiempo, el valor personal tiende a depender casi exclusivamente del rendimiento.
Según la especialista, la autoestima queda subordinada al cumplimiento de expectativas cada vez más altas y la satisfacción por los logros suele ser breve, ya que rápidamente surge una nueva meta o la sensación de que se podría haber hecho mejor. En estos casos, es habitual que “las personas perciban que nunca alcanzan sus objetivos, incluso cuando obtienen buenos resultados, lo que provoca sentimientos de culpa, autocrítica intensa y una marcada percepción de fracaso”. Por eso —indicó— la autoexigencia pasa de ser una fortaleza a convertirse en un problema cuando deja de impulsar el crecimiento y comienza a deteriorar el bienestar.
“Si el miedo a equivocarse genera ansiedad, impide disfrutar de los logros o lleva a una crítica constante hacia uno mismo, ya no estamos frente a una herramienta para crecer, sino ante un patrón que puede afectar la salud mental y la calidad de vida", alertó. A diferencia del licenciado Pereda, la doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra, y escritora, señaló a Infobae que la autoexigencia “siempre es negativa”. “Creo que muchas veces se la confunde con ambición, responsabilidad y no ser condescendiente con uno.
Qué dicen los expertos
Pero en realidad, una persona con autoexigencia excesiva no acepta el error, tiene metas muy altas. El tema no es la ambición y las metas altas, con las que se las suele confundir, sino creer que todo tiene que ser perfecto, sin errores", describió. Entonces —afirmó la psiquiatra— ahí empieza el problema: “Uno puede revisar, a partir de los errores va corrigiendo.
El problema es cuando la persona es irrealista, cuando pretende la perfección, cosa que es imposible y ahí se transforma en un problema grave”. Cómo se manifiesta la autoexigencia excesivaEl licenciado Pereda afirmó que la autoexigencia excesiva puede actuar como un importante factor de vulnerabilidad para el desarrollo y mantenimiento de problemas como los trastornos de ansiedad, la depresión, e incluso el burnout. Según Moreschi, la autoexigencia excesiva se manifiesta por ansiedad, sensación de culpa, de no estar a la altura: “Como la expectativa es tan alta y no hay lugar al error o a la imperfección, no hay permiso para un ‘me puedo equivocar’.
También existe mucha parálisis, al revisar tanto las cosas y no arriesgarse en absoluto”, aseguró. Clínicamente, suele presentarse en tres dimensiones, según detalla el licenciado Pereda. En el plano cognitivo, predominan pensamientos rígidos y extremos, como la creencia de que si algo no es perfecto está mal o que cualquier error equivale a un fracaso.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





