Plomo en las alas
Plomo en las alasNewsletter 'Europa'La anulación del megaproyecto del nuevo avión de combate europeo evidencia los límites de la defensa comúnMaqueta del caza europeo FCAS, en el Salón Aeronáutico Internacional de París...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Plomo en las alasNewsletter 'Europa'La anulación del megaproyecto del nuevo avión de combate europeo evidencia los límites de la defensa comúnMaqueta del caza europeo FCAS, en el Salón Aeronáutico Internacional de París en el aeropuerto de París-Le Bourget, en 2023 JULIEN DE ROSA / Lluís UríaBarcelona 13/06/2026 06:00 “Hay tres cosas que no se pueden predecir: Dios, el sexo y la UE”. Con su ironía habitual, el primer ministro albanés, Edi Rama, comentaba de este modo hace una semana la incertidumbre que rodea el proceso de adhesión de su país -y de otros estados balcánicos- a la Unión Europea. Si es cierto que Europa tiene cosas imprevisibles, también lo es que otras son perfectamente pronosticables: cuando se toca el núcleo de la soberanía nacional -y la defensa es el reducto esencial- los intereses particulares se acaban imponiendo al interés europeo.
Esta es la mayor dificultad -y no la OTAN, ni Estados Unidos, ni el dinero- al que se enfrenta la aspiración de una defensa común europea. Y, más allá, la apuesta por una verdadera autonomía geoestratégica. El fiasco del megaproyecto del futuro avión de combate europeo, abandonado esta semana por las profundas diferencias entre Alemania y Francia -ante la mirada impotente de España, tercer socio menor-, supone el fracaso de la más ambiciosa iniciativa europea que había en materia militar y pone en evidencia los límites de la cooperación en defensa en el seno de la UE.
Los detalles
Es asimismo un nueva y cruda muestra de la crisis por la que atraviesan las relaciones entre Berlín y París. Lanzado en 2017 por Angela Merkel y Emmanuel Macron, el proyecto del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS, por sus siglas en inglés) pretendía desarrollar un cazabombardero de sexta generación que sustituyera, en el horizonte del año 2040, a los actuales Eurofighter y Rafale. Con una inversión prevista de 100.
000 millones de euros, el proyecto estaba pilotado por el consorcio aeroespacial Airbus -integrado por Alemania, Francia y España- y la compañía francesa Dassault, a quienes se sumó después la empresa española Indra. Con Europa más necesitada que nunca de liberarse progresivamente de la dependencia armamentística de EE. -el norteamericano F-16, de Lockheed Martin, sigue siendo el avión de combate más presente en los ejércitos europeos y el F-35 amenaza con sustituirlo-, el proyecto del FCAS ofrecía la oportunidad de desarrollar un nuevo cazabombardero netamente europeo incorporando por primera vez -algo inédito- a Francia, país que ha destacado por estar en la avanzadilla tecnológica en este terreno.
Y por volar históricamente en solitario. Después de meses y meses de tensiones, las diferencias entre Airbus y Dassault -y, más allá, entre Alemania y Francia- han hecho capotar definitivamente el proyecto. Celoso de su tecnología y experiencia, el grupo francés pretendía controlar prácticamente el 100% del desarrollo del FCAS, así como sus futuros derechos.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





