
Pánico, ciencia ficción y apuestas: el día que la estación espacial Skylab cayó sobre la Tierra
La situación, inesperada para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta, parecía parte de un relato de ciencia ficción: a raíz de una serie de fallas que acortaron su vida útil y el imperio de la gravedad, un...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. La situación, inesperada para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta, parecía parte de un relato de ciencia ficción: a raíz de una serie de fallas que acortaron su vida útil y el imperio de la gravedad, un enorme laboratorio espacial entraría en la atmósfera y se estrellaría en un lugar que era casi imposible de precisar. Para peor —como suele suceder en las películas—, la única manera de frenar su caída no estaba al alcance de la mano: se necesitaba un cohete modificado para impulsar a la estación espacial a una nueva órbita, pero no había tiempo para prepararlo y lanzarlo para que interceptara a ese enorme monstruo de metal. Corrían los primeros días de julio de 1979 y los portales de internet todavía no existían, pero las emisoras de radio y los canales de televisión informaban casi minuto a minuto las peripecias del Skylab, que así se llamaba la estación espacial.
Los expertos y los conductores televisivos explicaban todas las alternativas posibles: el armatoste podía caer en el mar sin causar daños, pero también podía incrustarse en una zona densamente poblada con consecuencias inconmensurables de destrucción y muerte. Según los cálculos de la NASA, existía una posibilidad sobre siete de que un fragmento de cualquier tamaño cayera sobre una ciudad de más de cien mil habitantes. Una en siete podía parecer poco, siempre y cuando esa una no fuera el lugar del planeta que uno habitaba.
Los detalles
Lejos de tranquilizar, tanto el bombardeo de noticias y las especulaciones, como lo imprevisible y espectacular de la caída, potenciaban los temores e, incluso, el pánico. Si se leían los artículos sobre el asunto, se encontraban muchos que trataban de dar información científica y explicaban con todo detalle las posibilidades del caso, pero no faltaban los apocalípticos e incluso los que se tomaban el asunto como si fuera broma, como el de un cronista argentino que llegó a plantear que había más posibilidades de morir si se comían dos huevos fritos por día que por el impacto de un trozo de basura caído desde el espacio. A todo esto, la cuenta regresiva continuaba inmutable hacia lo que podía terminar como un inédito y trágico desastre.
Hasta ese momento, para la enorme mayoría de los “terráqueos” la carrera espacial, sus logros y sus fallas, eran cosas que sucedían lejos y no los afectaban en lo más mínimo. Con el Skylab, esa idea cambió de manera radical, porque era algo que podía matar. Un triunfo cósmicoPor esos tiempos, la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética era, de manera inevitable, un componente más de la Guerra Fría, donde la conquista del cosmos era también una batalla.
Cada logro era, además, una victoria de una de las potencias; cada fracaso, una derrota. Si los soviéticos habían logrado, con Yuri Gagarin, poner antes que nadie un hombre en el espacio, los estadounidenses había sido los primeros en llegar a la Luna. En la década de los ’70, la de las estaciones espaciales era una batalla nueva, en la que la Unión Soviética iba en punta con la puesta en órbita del laboratorio Salyut 1, lanzado al espacio el 19 de abril de 1971.
Qué dicen los expertos
La NASA demoró dos años en ponerse a la par con el Skylab, diseñado por el ingeniero Robert Loewy, un laboratorio espacial de 75 toneladas que fue puesto en órbita por un cohete Saturno V el 14 de mayo de 1973. La primera estación espacial estadounidense fue diseñada y desarrollada como parte de los planes de la NASA para reutilizar las piezas del programa espacial Apolo —el que llevó al hombre a la Luna— para otros fines de investigación y exploración espacial. Por eso, la Skylab fue construida usando un cohete Saturno V modificado, y su estructura tenía 25,1 metros de largo y 17 metros de radio, incluyendo uno de sus paneles solares.
Contaba con un taller o laboratorio, un departamento de dormitorio, un almacén, un compartimiento para desechos, paneles solares y el telescopio Apolo, acoplado mediante una montura especialmente diseñada. Podía albergar tres astronautas por misión, que podían viajar a la estación en órbita usando un módulo de mando y servicio de la misión Apolo. Las misiones que se desarrollarían allí estaban planeadas para que los astronautas realizaran observaciones relacionadas con la exploración espacial y también para estudiar los efectos físicos y psicológicos que la permanencia prolongada en una situación de microgravedad podía tener en el hombre.
Era el primer paso hacia las estaciones espaciales con población permanente. De mal en peorComo si fuera una advertencia, la misión Skylab empezó mal, apenas después del lanzamiento para ponerla en órbita. Durante el ascenso, un escudo que debía protegerla del impacto de los meteoritos se abrió y se desprendió de la estructura de la estación, lo que causó también la pérdida de uno de los módulos de energía solar, la avería del otro, además de varios desperfectos de menor importancia.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





