
Píos, leones, inocentes: ¿qué nos dice la cultura de los papas?
Urbano VIII llegó a mantener correspondencia con Quevedo, Alejandro VII entretenía sus ocios pontificios con poemillas en latín, y Juan Pablo II —estudioso de San Juan de la Cruz en su juventud— incluso publicó un...
Surgen avances clave en el escenario mundial. Urbano VIII llegó a mantener correspondencia con Quevedo, Alejandro VII entretenía sus ocios pontificios con poemillas en latín, y Juan Pablo II —estudioso de San Juan de la Cruz en su juventud— incluso publicó un poemario, Tríptico romano (2003), asido todavía a la cátedra de Pedro. Con todo, seguramente el papa al que más le ha gustado la literatura haya sido también el papa al que menos le ha gustado el armiño: Francisco fue profesor de literatura en Argentina, tuvo trato amistoso con Borges y, animado por el gran fabulador, dio a la imprenta algunos de los cuentos de sus chicos.
Ya de pontífice, iba a escribir una Carta a los poetas —en realidad, el prólogo a un libro de versos religiosos— y un señor documento papal “sobre la importancia de la literatura en la formación”, que incluía citas de Proust y de Celan. En alguna ocasión, Francisco confesó que sus alumnos, aburridos con El Cid, le pedían que les leyera algo más entretenido: el romance lorquiano de La casada infiel, por ejemplo, que resultaba más —palabra de Santo Padre— “picante”.
Los detalles
Hay pues una cuadratura de sentido en que, casi un siglo después de escrito el Grito hacia Roma, fuera Bergoglio quien, ya como papa, recibiera esa súplica en verso del propio Federico García Lorca “al hombre vestido de blanco”. En 2024, Luis García Montero, en su veste de director del Instituto Cervantes, le llevó al Vaticano una edición multilingüe de aquel poema escrito por el de Fuente Vaqueros en una doble angustia vital.
La del crack del 29 que tenía ante sus ojos allá en Nueva York. Y la de los Pactos Lateranenses que, al mismo tiempo, firmaban en Roma Pío XI y Mussolini.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





