
Rufus, las frutillas con crema y una regla que nadie se anima a romper: los rituales que hacen único a Wimbledon
Hay federaciones que organizan torneos, certámenes que construyen campeones y, después, está Wimbledon. No se trata solamente del campeonato de tenis más antiguo del mundo ni de uno de los cuatro Grand Slams. Es algo...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hay federaciones que organizan torneos, certámenes que construyen campeones y, después, está Wimbledon. No se trata solamente del campeonato de tenis más antiguo del mundo ni de uno de los cuatro Grand Slams. Es algo diferente: un escenario suspendido entre el pasado y el presente.
Cada año, cuando los primeros espectadores atraviesan las puertas del All England Club, sucede algo difícil de explicar. El ruido de Londres parece quedar atrás, los edificios pierden altura y el ritmo frenético de la ciudad se desacelera por unas horas. Rodeado de calles serpenteantes que suben y bajan entre casitas de arquitectura y jardines de clásico estilo inglés, aparecen las canchas de césped más famosas del planeta.
Los detalles
Allí se disputa un torneo que convive con la modernidad, pero que nunca renunció a su historia. Y quizás en ese equilibrio está el verdadero secreto de Wimbledon. Mientras gran parte del deporte profesional se volvió cada vez más veloz, ruidoso y espectacular, Wimbledon eligió conservar una parte de sí mismo que parece inmune al paso del tiempo.
La historia comenzó mucho antes de que existieran Roger Federer, Novak Djokovic, Rafael Nadal o Carlos Alcaraz. No había transmisiones radiales, mucho menos televisivas, y el tenis apenas daba sus primeros pasos como disciplina organizada. El club abrió sus puertas en 1869 bajo el nombre de All England Croquet Club, en Worple Road, cuando el croquet gozaba de una popularidad muy superior a la del tenis.
Sin embargo, durante la década siguiente comenzó a expandirse por Inglaterra una nueva actividad que despertaba el interés de los sectores acomodados de la sociedad victoriana: el lawn tennis, una adaptación del antiguo tenis real practicado durante siglos por la aristocracia europea. Por eso, el 14 de abril de 1877 la institución incorporó oficialmente el tenis sobre césped y pasó a llamarse All England Croquet & Lawn Tennis Club. Nadie podía imaginar entonces que aquel paso sería el origen del torneo más prestigioso del mundo y de uno de los deportes más practicados del planeta.
Qué dicen los expertos
Aquel primer campeonato poco tuvo que ver con el actual. No había estadios, no existían las multitudes y las mujeres todavía no competían. Pero sí hubo un protagonista que se convertiría en un clásico de Wimbledon: la lluvia, que obligó a postergar durante varios días la definición.
Veintidós hombres participaron de aquel torneo. La final fue observada por apenas 200 espectadores que habían pagado un chelín para ver al británico Spencer Gore derrotar a William Marshall en menos de una hora. Con el paso del tiempo crecieron las tribunas y aumentó la repercusión internacional.
Después de la Primera Guerra Mundial, en 1922, el club se mudó a su ubicación actual sobre Church Road, dejando atrás el predio de Worple Road, donde hoy funciona el Wimbledon High School. Más de un siglo después, algunas cosas siguen exactamente igual. Mientras la mayoría de los grandes torneos abandonó la hierba, Wimbledon permaneció fiel al césped.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





