
Salinidad, calor y cultura tomatera en Almería: “Los tomates han perdido sabor porque el supermercado busca piezas que aguanten en el lineal”
Un calor abrasador, un sol de justicia, el aroma a sal marina y un océano de plástico blanco nos reciben en Almería. Es fácil que una pregunta nos venga a la mente: ¿cómo crecen aquí algunas de las mejores frutas y...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Un calor abrasador, un sol de justicia, el aroma a sal marina y un océano de plástico blanco nos reciben en Almería. Es fácil que una pregunta nos venga a la mente: ¿cómo crecen aquí algunas de las mejores frutas y verduras de toda Europa? Analizamos el tomate almeriense, el fruto más representativo y productivo de estas tierras, para entenderlo.
“Cultivamos tomate aquí por una sencilla razón: Almería es un sitio con unas condiciones excepcionales para ello”. Quien habla es Federico Castellón, ingeniero agrícola y subdirector del departamento técnico de CASI, la cooperativa de primer grado que más volumen de tomate comercializa en el mercado internacional. Nacida en 1944, surgió de la unión de agricultores de las huertas y vega de Almería, que se organizan para vender su género en el mercado de abastos de la ciudad y evitar intermediarios.
Los detalles
Hoy reúne a más de 1700 socios y una superficie en cultivo de unas 1900 ha. “En total, en la provincia de Almería hay unas 33 mil hectáreas, de las cuales cerca de 2 mil pertenecen a la cooperativa”, explica el ingeniero a Infobae. Las tierras almerienses han sido el escenario perfecto para un éxito de tal calibre.
“Nuestro agua tiene unas condiciones de salinidad únicas, que hacen que prácticamente la única hortaliza que se puede sobrevivir sea el tomate”, explica el ingeniero, experto tras más de dos décadas de trabajo en la cooperativa. “Nuestro clima es ideal para tener tomate cuando en el resto de Europa no hay, pues hay inviernos muy cálidos y podemos cultivar en contra de ciclo”. El invierno es el momento en el que el tomate almeriense brilla con más fuerza.
Cuando el resto de producciones locales de Europa están terminando, ellos empiezan a cultivar. "Gracias a nosotros se puede comer tomate durante los doce meses en Europa”. Pasado el invierno, cuando el calor crece demasiado en las latitudes más bajas, los tomates invernales dan paso a los tomates de la sierra de Almería, donde las temperaturas no son tan duras.
Qué dicen los expertos
Desde el típico tomate de ensalada, tomate pera o tomate rama hasta corazones de buey, corazones de buey invertidos, tomate azurcado, tomate rosa, tomate chocolate, tomate negro, tomate cherry, tomate cóctel, tomate azul, tomate amarillo... Entrar en las instalaciones de esta cooperativa almeriense es adentrarse en el paraíso, con más de 25 variedades en todos los tonos del rojo. “En cada pueblo de Europa hay un tipo de tomate; nosotros intentamos producir los que mejor consideramos que se pueden exportar mejor”.
El sabor tan especial que tiene cada uno de estos frutos no es casual. “El tomate es la única hortaliza donde la productividad está reñida con el sabor. A mayor productividad, menos sabor.
Y cuanta más salinidad haya en el agua, menos productividad, pero también más sabor”, explica Federico. Una fórmula sencilla que ellos, situados a solo unos metros del Mediterráneo, resuelven a la perfección. “Aquí se junta algo perfecto: agua salina, que nos va a dar mayor sabor, y un tomate que, al producirse en invierno, está más tiempo en la planta, madura más despacio y metaboliza el azúcar más lentamente.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





