
Samuelandia frente a la Constitución
Hay gobiernos que fracasan por incompetencia. Y hay gobiernos que, además de fracasar, comienzan a poner en riesgo las instituciones que juraron respetar. La diferencia entre ambos es precisamente el juicio...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hay gobiernos que fracasan por incompetencia. Y hay gobiernos que, además de fracasar, comienzan a poner en riesgo las instituciones que juraron respetar. La diferencia entre ambos es precisamente el juicio político.
Durante años, el gobernador quiso convencernos de que Nuevo León vivía en “Samuelandia”: un lugar donde bastaba un video, una transmisión en vivo o una campaña permanente en redes sociales para sustituir la realidad. Pero la realidad siempre termina alcanzando a la propaganda. Ningún reel resolvió el tráfico.
Los detalles
Ningún filtro fotográfico limpió el aire. Ninguna historia de Instagram terminó el Metro. Ningún video llevó agua a las familias.
Ninguna estrategia de comunicación pudo ocultar el deterioro institucional que hoy vive nuestro estado. Por eso el debate dejó de ser político y hoy está en el terreno constitucional. El juicio político no existe para castigar delitos ni para resolver diferencias entre partidos.
Para eso existen los tribunales y las elecciones. Su propósito es mucho más profundo: proteger al Estado cuando quien ejerce el poder rebasa los límites que le impone la Constitución. Nuestra Constitución y la Ley de Juicio Político del Estado establecen que este mecanismo procede cuando los actos u omisiones de un servidor público dañan gravemente los intereses públicos fundamentales.
Qué dicen los expertos
No exige una sentencia penal; exige valorar si el ejercicio del poder de una persona que se la pasa en “modo party” dejó de servir al interés público. Quienes reducen este debate a una disputa entre partidos se equivocan. El verdadero problema no es una denuncia.
El verdadero problema es el patrón de conducta de quien regala cerveza, pero destroza a la empresa que debe llevar agua y drenaje a las familias y la ciudad. Durante casi todo el sexenio, Nuevo León ha vivido una crisis institucional permanente: conflictos entre poderes, confrontaciones con órganos constitucionales, judicialización de la política, incertidumbre presupuestal, proyectos estratégicos detenidos y la confrontación convertida en método de gobierno. Esa es la “normalidad” de Samuelandia.
La política dejó de resolver problemas para convertirse en un espectáculo. Y eso tiene consecuencias. La inversión requiere certeza.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




