
“Sexto Panteón”, una colosal ciudad subterránea bajo el Cementerio de la Chacarita creada para albergar a más de cien mil difuntos
Hay lugares en Buenos Aires donde el silencio no es solo la ausencia de ruido, sino una densa materia que se puede tocar. Quien camina hoy por las extensas hectáreas del Cementerio de la Chacarita, la necrópolis más...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hay lugares en Buenos Aires donde el silencio no es solo la ausencia de ruido, sino una densa materia que se puede tocar. Quien camina hoy por las extensas hectáreas del Cementerio de la Chacarita, la necrópolis más grande de la Argentina y una de las mayores del mundo, suele buscar los mausoleos tradicionales, las estatuas de mármol que lloran un esplendor perdido, o las tumbas de los mitos populares como Carlos Gardel, Alfonsina Storni, la Madre María o Sandrini, entre otros. Sin embargo, pocos de los caminantes que recorren la superficie advierten que bajo sus pies se extiende una de las epopeyas arquitectónicas más audaces del siglo XX.
Se trata del llamado “Sexto Panteón”, una colosal ciudad subterránea de hormigón armado concebida para albergar a más de cien mil difuntos. Una obra que, mirada con los ojos de la historia y el arte, constituye el primer y más grande ensayo mundial de arquitectura moderna aplicada al ámbito funerario. Pero detrás de este laberinto de sombra y luz natural, se esconde otra historia de sepulcro y desmemoria: la de su creadora, la arquitecta Ítala Fulvia Villa.
Los detalles
Una mujer pionera, vanguardista y brillante que diseñó el descanso eterno de los porteños y que, sin embargo, fue sepultada por el olvido de su propio tiempo. Para comprender la magnitud de lo que Ítala Fulvia Villa edificó bajo la tierra, es necesario desandar los pasos del suelo que pisamos. El origen del Cementerio de la Chacarita está íntimamente ligado a la tragedia y a la emergencia sanitaria.
Hacia 1871, la Ciudad de Buenos Aires fue azotada por una devastadora epidemia de fiebre amarilla que diezmó a casi el diez por ciento de su población. Los cementerios existentes, como el de la Recoleta o el Cementerio del Sur (hoy Parque Ameghino), colapsaron en pocas semanas. La muerte cotidiana se transformó en un problema logístico inmanejable.
Ante la desesperación, las autoridades municipales adquirieron tierras en lo que entonces eran los confines de la urbe: los antiguos terrenos de la dotación del Colegio Nacional de Buenos Aires, conocidos popularmente como la “Chacarita de los Colegiales”. Allí, con urgencia y desazón, se improvisó el primer cementerio, conectado por una línea de tranvía fúnebre ideada para trasladar los féretros desde el centro urbano. Aquel primer predio colmó rápidamente su capacidad y debió ser clausurado en 1875, trasladándose las sepulturas al sitio definitivo que hoy ocupa, cuya imponente fachada neoclásica fue diseñada posteriormente por el célebre arquitecto Juan Antonio Buschiazzo.
Qué dicen los expertos
Con el correr de las décadas, Buenos Aires experimentó una mutación demográfica sin precedentes. La oleada inmigratoria europea y la migración interna transformaron a la gran aldea en una metrópolis masiva. Hacia mediados de la década de 1940, el cementerio ya contaba con casi 95 hectáreas de extensión, pero el espacio horizontal comenzó a agotarse de forma alarmante.
La lógica tradicional de los grandes mausoleos familiares, las bóvedas individuales y las tumbas en tierra resultaba insostenible para una población que crecía a un ritmo geométrico. La muerte, al igual que la vivienda, empezó a sufrir el problema de la densidad urbana. La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires se enfrentó a un dilema de hierro: ¿cómo expandir los dominios de los fallecidos sin arrebatarle tierras vitales al crecimiento de los vivos?
La respuesta de las oficinas técnicas de la municipalidad a comienzos de la década de 1950 fue de una audacia inusitada. Si en la superficie la ciudad moderna crecía hacia arriba mediante los rascacielos y los bloques de departamentos colectivos, en la necrópolis la solución consistiría en el camino inverso. Había que expandirse hacia abajo.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




