
Silvia Severino, psicóloga, explica por qué nos cuesta tanto recibir un cumplido: “No es modestia, es un patrón”
Aceptar un elogio puede parecer una situación trivial, sin embargo, para muchas personas representa un desafío emocional que puede estar vinculado a experiencias previas y a patrones aprendidos desde la infancia. El...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Aceptar un elogio puede parecer una situación trivial, sin embargo, para muchas personas representa un desafío emocional que puede estar vinculado a experiencias previas y a patrones aprendidos desde la infancia. El reconocimiento, lejos de ser recibido de manera natural, a menudo genera incomodidad, ansiedad o incluso rechazo. En la vida cotidiana, es común que quienes reciben un comentario positivo respondan con frases que minimizan o niegan sus propios méritos, como si aceptar una felicitación implicara una amenaza para su autopercepción o su relación con los demás.
A muchas personas les cuesta aceptar un elogio y responden con una negación automática, y para la psicóloga Silvia Severino ese reflejo no es modestia: “Esto no es modestia, es un patrón”. Este comportamiento está más arraigado de lo que parece y revela mecanismos de defensa que han sido moldeados a lo largo del tiempo. La especialista describe en su cuenta de TikTok (@silviaseverinopsico) una escena frecuente: “Alguien te dice algo bonito y tu primera reacción es negarlo.
Los detalles
Qué va, no fue nada, fue suerte y tampoco es para tanto”. El origen infantil del rechazo a los elogiosEste tipo de respuestas, lejos de ser inocentes, pueden señalar una dificultad profunda para reconocer el propio valor. Según Severino, esa reacción puede llegar a formarse desde la infancia cuando el reconocimiento se vive como algo incómodo o riesgoso.
“Cuando creciste en un entorno donde tus logros no se celebraban o donde destacar generaba incomodidad, tu cerebro aprendió que recibir reconocimiento era un peligro”, explica la experta. En muchos casos, las personas que han experimentado ambientes familiares o escolares donde el éxito no era bien recibido, desarrollan una tendencia a protegerse de la exposición que implica sobresalir. El temor a ser objeto de envidia, críticas o comparaciones negativas puede hacer que el simple hecho de recibir un elogio active una alerta interna.
Ese aprendizaje, agrega, empuja a rechazar los cumplidos incluso cuando existen motivos para aceptarlos. “Entonces, lo rechazas automáticamente, no porque no lo merezcas, sino porque una parte de ti todavía cree que no es seguro aceptarlo”, dice la psicóloga. Aceptar elogios fortalece la autoestimaEste mecanismo puede mantenerse durante la adultez, afectando la autoestima y la manera en que las personas se relacionan tanto en el ámbito personal como profesional.
Qué dicen los expertos
En ocasiones, la incapacidad de aceptar elogios puede limitar el desarrollo de la confianza en uno mismo y dificultar la construcción de vínculos saludables, ya que la persona tiende a restar importancia a sus logros y habilidades. Como ejercicio, la psicóloga propone cambiar la respuesta inmediata ante un comentario positivo. “La próxima vez que alguien te diga algo bueno, no lo devuelvas, no lo minimices, solo di gracias y observa lo incómodo que se siente”, recomienda.
Esta práctica puede ser el primer paso para modificar patrones arraigados y abrirse a nuevas formas de validar el propio esfuerzo. Reconocer el malestar inicial es fundamental para avanzar hacia una mayor aceptación de los logros y aprender a convivir con el reconocimiento sin temor. Severino cierra con una consigna: “Esa incomodidad es exactamente la que necesitas atravesar”.
Superar esa barrera puede transformar la forma en que una persona se percibe a sí misma y el modo en que interactúa con su entorno, permitiendo que el reconocimiento externo se convierta en un recurso para fortalecer la autoestima.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





