
Tenía 8 años cuando su padre mató a su madre: “Durante años me quedó esa pregunta: ¿por qué no cerré la puerta?”
Cuando tenía ocho años le abrió la puerta a su papá. Él cargaba un bolso verde y le dijo que llevaba “algo para mamá”. Minutos después asesinó a su esposa y se suicidó. Cintia Zabalo escuchó los disparos, corrió a...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Cuando tenía ocho años le abrió la puerta a su papá. Él cargaba un bolso verde y le dijo que llevaba “algo para mamá”. Minutos después asesinó a su esposa y se suicidó.
Cintia Zabalo escuchó los disparos, corrió a esconderse y, desde ese día, su vida quedó partida para siempre. Pero el femicidio fue apenas el comienzo de otra historia. Llegaron el desarraigo, los abusos, el silencio, la obesidad, las internaciones, los intentos de suicidio y un proceso de reconstrucción que le llevó décadas.
Los detalles
Hoy tiene 41 años, es profesora, vive en Navarro y es madre de Ale y Luz María. Dice que logró construir la familia que siempre soñó. Ese recorrido quedó plasmado en Cicatrices que hablan, el libro en el que reconstruye por primera vez su historia.
Lo escribió para sanar, pero también para darle voz a su mamá y contar lo que la Justicia nunca pudo reparar. “No lo escribí para que me tengan lástima. Lo escribí para sanar y para hacer una justicia social”, resume.
En esta conversación con Infobae, Cintia habla con una honestidad conmovedora sobre el asesinato de su madre, el abuso que sufrió durante la adolescencia, el largo camino de la terapia, el amor que encontró junto a su actual marido y la decisión de transformar el dolor en un mensaje para otras víctimas. “No soy lo que me pasó. Soy lo que elijo ser”, afirma.
Qué dicen los expertos
—¿Hay recuerdos lindos de la infancia? Tengo algunos, sobre todo con mi papá, que me hacía cosquillas. También íbamos a pescar juntos.
Mirá qué loco, empiezo hablando de él. Y tengo recuerdos de mi mamá: iba a trabajar con ella y, entre costura y costura, nos preparaba pan con agua caliente y azúcar. Era la golosina más rica que comíamos.
Nunca me habían preguntado por los recuerdos lindos, nunca lo había pensado. —¿Te enoja tener recuerdos lindos con tu papá? Después de escribir el libro cambió mucho, fue un proceso de sanación enorme, como sacarme una mochila muy grande.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





