
'Timón de Atenas' desnuda la ingratitud humana entre la opulencia y el desasosiego
Paloma PalomoM rida, 4 jul (EFE).- 'Tim n de Atenas' ha acercado al p blico a un di logo punzante entre la comedia oscura y la tragedia ir nica. Un grito que resuena en la actualidad a trav s del conflicto entre la...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Paloma PalomoM rida, 4 jul (EFE). - 'Tim n de Atenas' ha acercado al p blico a un di logo punzante entre la comedia oscura y la tragedia ir nica. Un grito que resuena en la actualidad a trav s del conflicto entre la desinteresada filantrop a, la codicia social y la m s profunda misantrop a del ser humano.
Con la direcci n de Hern n Gen , esta propuesta despoja al h roe tr gico de su opulencia inicial para descubrir las miserias del ser humano que interpelan directamente a Tim n, interpretado por Pepe Viyuela. Un espect culo que define un viaje a trav s de la farsa y el patetismo en un escenario donde coexisten la burla a la pretensi n social y la realidad m s cruda del abandono. Con una escenograf a m vil que montaban los propios actores a medida que avanzaba la obra, el Teatro Romano de M rida se ha convertido en la pista de baile perfecta para los excesos y los aprovechados, junto con los que el espectador ha viajado en el tiempo para sentarse en palacios y los senados de Atenas.
Los detalles
Una apuesta que, desde la generosidad desmedida y el dolor de la traici n, ha permitido al p blico palpar las emociones de un hombre que ignor las advertencias de los que eran sus verdaderos amigos y que, al caer en la ruina, constat amargamente c mo todos aquellos a los que agasaj le daban la espalda. El p blico ha podido empatizar con este arist crata ca do en desgracia a trav s de un engranaje teatral que adopta c digos de la comedia, el arte y la farsa. En este sentido, el elenco ha elevado el espect culo en una propuesta redonda donde la comicidad extrema no hace sino ensalzar y confirmar el gran dolor de Tim n.
Frente a la tiran a implacable del inter s econ mico y el ego smo puro de una sociedad cortesana que no quiere saber nada de los ca dos en desgracia, Tim n empieza su metamorfosis gracias a un desenga o absoluto tras verse rechazado por sus supuestos amigos. En su ca da, el protagonista carga de soberbia y amargura al personaje a trav s de su voz, hilando un discurso sobre la ingratitud y la falsedad de sus iguales que, irremediablemente, pagar n su traici n con el desprecio. En una fusi n casi id lica entre el texto cl sico y la puesta en escena m s cercana a la actualidad, Viyuela le ha dado la oportunidad a Tim n para revivir su pasado de banquetes y regalos insensatos, a la vez que ha asumido tanto sus errores de c lculo como su ceguera respecto a quienes lo rodeaban.
El escenario se ha llenado de una aterradora fragilidad donde los gestos de los cortesanos revelan la agon a de aquel que pasa de ser el centro de todas las miradas a convertirse en un paria. Por esta raz n, el dolor que consume al protagonista cobra m s fuerza al acompa arse por la locura que le consume que Viyuela corona con un "Tim n odia tanto a sus semejantes como a si mismo", adem s de el excelente vestuario que ha sido capaz de identificar a cada personaje sin necesidad de una presentaci n previa. La propuesta de Gen ha otorgado todo el peso dram tico a la evoluci n interna del propio protagonista, cuyo viaje pasa de la extrema filantrop a al odio m s f rreo.
Qué dicen los expertos
Tim n es quien, frente a la inmensidad del teatro, asume el papel de una poderosa voz que apela a nuestra propia tendencia al aislamiento, habl ndonos de t a t , incluso desde la tumba, para confirmar nuestros peores temores sobre la condici n humana. En el inicio de la historia, el relato nos muestra a un Tim n imaginario que, tras su muerte, desea contar su historia al p blico. Con bravura y una fuerza salvaje reflejada en la interpretaci n, el personaje verbaliza sus hitos y desenga os con la rabia de verse despojado de sus afectos para demostrar que esta obra es, ante todo, el m s penetrante an lisis sobre el sentido sat rico de la vida.
En un intento de suavizar la crudeza de su exilio, la adaptaci n rescata el momento en que, buscando ra ces para comer en su faceta de ermita o, el protagonista encuentra oro. Un giro del destino que, lejos de ablandarlo, utiliza para financiar el avance de un temible ej rcito sobre Atenas, demostrando que su herida es ya incorruptible. As , con una fuerza inquebrantable, el protagonista alienta la destrucci n de la misma sociedad que lo vio caer, aunque el desenlace es inevitable.
La puesta en escena se vuelve paulatinamente m s sobria y la codicia inicial abandona la espectacularidad para centrarse en la pesadez de un ermita o cansado, reflejando el peso de un destino que se avecina entre escombros morales. La ca da de Tim n representa el sacrificio definitivo de un hombre que prefiri la misantrop a antes que volver a encadenarse a la hipocres a social, mientras que proclam con amargura que la maldad y la ingratitud son inherentes a los seres humanos. En ese instante, cuestiona las bases mismas de la pretensi n social y se castiga por su antigua ingenuidad.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





