
Un chal ensangrentado, un detective aficionado y una prueba de ADN que le puso cara a Jack el Destripador más de un siglo después
La identidad de Jack el Destripador sigue siendo, casi 140 años después del último de sus crímenes comprobados, uno de los enigmas policiales más oscuros de todos los tiempos. Tanto que aún hoy desvela a criminólogos...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La identidad de Jack el Destripador sigue siendo, casi 140 años después del último de sus crímenes comprobados, uno de los enigmas policiales más oscuros de todos los tiempos. Tanto que aún hoy desvela a criminólogos profesionales, historiadores y simples aficionados, e incluso dio lugar a la creación de un área de investigación específica, la “ripperología”, desarrollada a medio camino entre la ciencia y la mera especulación. Tampoco se sabe con exactitud la cantidad de sus víctimas.
Los registros policiales de la época contabilizan once femicidios – un término que aún no estaba acuñado - perpetrados en Whitechapel entre abril de 1888 y febrero de 1891, pero los investigadores coinciden que, por sus características, solamente cinco se le pueden adjudicar con certeza al mismo asesino en serie, todos ocurridos en el lapso de 70 días que va desde el 31 de agosto el 9 de noviembre de 1888. A esas mujeres se las conoce como “las cinco canónicas”. En medio de tanta incertidumbre, cuando en 2014 Russell Edwards publicó su libro Naming Jack the Ripper (Nombrando a Jack el Destripador) la noticia causó sensación entre los aficionados a los misterios del mundo del crimen.
Los detalles
En la presentación Russell, que se definió a sí mismo como “un detective aficionado”, aseguró que había logrado resolver el enigma luego de realizar una investigación exhaustiva con tecnología forense de punta sobre un chal ensangrentado para descubrir “definitiva, categórica y absolutamente” la identidad del asesino que aterrorizó a la Londres victoriana. Dio también un nombre: Aaron Kosminski, un inmigrante polaco, de profesión barbero, muerto en un asilo de locos el 24 de mayo de 1919. Esa supuesta revelación dio lugar de inmediato a un negocio: “La gira de Jack el Destripador de Russell Edwards”, un recorrido turístico de alrededor de dos horas por el East End de la capital británica a través de Whitechapel Road, Gunthorpe Street y Wentworth Street que finaliza en Mitre Square.
Las paradas obligadas son, por supuesto, los lugares donde ocurrieron los cinco crímenes que se le adjudican con seguridad al asesino de prostitutas que desconcertó a los más eximios detectives de Scotland Yard. El inicio de una leyendaTodo comenzó la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888, en Buck’s Row, una calle oscura del miserable barrio de Whitechapel, en el empobrecido East End de Londres, cuando un chofer de nombre Charles Cross descubrió el cuerpo de una mujer desparramado junto a un portal. La policía no tardó en identificarla: se trataba de Mary Ann Nichols, una prostituta de 43 años, y estaba claro que la habían asesinado, porque tenía un par de cortes en la garganta, el abdomen parcialmente rasgado con una profunda hendidura en zigzag y varias incisiones hechas con el mismo cuchillo.
Por esa muerte – en una sangrienta paradoja – el nombre de la pobre y hasta entonces anónima Mary quedaría escrito para siempre como el de la primera víctima del asesino en serie más famoso de la historia. Lo que siguió fue una cadena de crímenes que aterrorizaron a la ciudad. En solo setenta días, otras cuatro mujeres aparecieron muertas de manera muy parecida.
Qué dicen los expertos
“Estos son los únicos hechos comprobados: todos los crímenes se cometieron tras el cierre de los bares; todas las víctimas eran de la misma clase –la más baja entre las bajas– y vivían no más lejos de un cuarto de milla unas de otras. Todas, además, fueron asesinadas del mismo modo”, explicaba el detective Reid, uno de los hombres de Scotland Yard encargados de investigar los casos y atrapar al autor de los asesinatos. El método del criminal se repetía con algunas variaciones: comenzaba por cortar de un lado a otro la garganta de la víctima para matarla y después le abría el abdomen.
En algún caso se llevaba algún órgano como trofeo, en otros no. Las cinco canónicasMary Ann Nichols fue la primera de las cinco víctimas “canónicas” de Jack el Destripador. La segunda apareció poco más de una semana después del hallazgo de su cadáver.
El sábado 8 de septiembre a las 6 de la mañana fue encontrada muerta Annie Chapman, otra prostituta, cerca de la entrada a un patio interior de la calle Hanbury. El cuadro con que se toparon los policías fue más truculento que el del primer crimen. El informe de la autopsia lo describió así: “El abdomen había sido completamente abierto: los intestinos (…) se habían sacado del cuerpo y colocado sobre el hombro del cadáver; (…) el útero, la parte superior de la vagina y dos tercios de la vejiga no estaban.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




