
Una moza con los ojos morados, un galán rechazado y la premonición que unió a Jeff Bridges con el amor de su vida
¿Qué es ante todo el amor sino más bien el motor de la vida? No son el poder ni la gloria. No es el oro ni son los aplausos condescendientes. Solo el amor puede envolverte con su manto tibio para protegerte de las...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: ¿Qué es ante todo el amor sino más bien el motor de la vida? No son el poder ni la gloria. No es el oro ni son los aplausos condescendientes.
Solo el amor puede envolverte con su manto tibio para protegerte de las hostilidades del afuera y soplarte el combustible que realmente consuela, alienta y empuja. Por lo menos, eso es lo que descubrieron Jeff y Susan, en los 51 años que llevan juntos desde que se conocieron. No importa tanto quiénes son ellos; importa más que supieron tejer su refugio salvador.
Los detalles
Un rincón donde la vanidad y la pompa inútil no lograron colarse. Una moza, un actor y un tajante “no”Vamos a hablar de alguien sumamente conocido, el actor Jeff Bridges. Con 26 años, en 1975, andaba filmando una parodia del cine del Oeste en Paradise Valley, Montana, Estados Unidos, titulada “Vidas sin Barreras”.
Hijo del famoso Lloyd Bridges y hermano del también actor Beau Bridges, ya había comenzado a tener nominaciones para los premios del mundo del cine. La fama le iba salpicando el ruedo de sus pantalones cuando, una tarde imposible de precisar en medio de dos escenas de rodaje, observó a una joven trabajando en Chico Hot Springs (un famoso y antiguo resort de aguas termales entre cabañas rústicas y buena gastronomía). Era una de las mozas que trabajaba allí para poder pagarse los estudios universitarios.
Lo primero que Jeff notó fue que ella tenía los dos ojos en compota. Lo segundo que le llamó la atención fue que su nariz parecía desplazada. Jeff no podía saberlo, pero su aspecto era el resultado de un reciente accidente de auto.
Qué dicen los expertos
Lo curioso era que la camarera no había intentado disimular sus lesiones. No tenía una gota de maquillaje y se movía decidida entre las mesas con los pedidos. El contraste entre los golpes que oscurecían su semblante y su vitalidad, le resultó a Jeff algo espectacular.
¡Era tan bella esa manera de caminar por la realidad sin necesidad de explicar ni ocultar nada! En ese escenario repleto de ficciones, actores y utileros, había una mujer andando vestida de carne y hueso. Era lo más real que había visto en años.
Jeff estaba muy lejos de ser un santo. Era más bien un aventurero romántico que coqueteaba con las fiestas audaces y las drogas como el LSD (ácido lisérgico, una potente sustancia psicodélica). No buscaba casarse, enamorarse para siempre ni mucho menos.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



