
Volcán Etna: un estudio reveló los factores que pueden disparar las erupciones más violentas
Las grandes erupciones volcánicas pueden producirse por distintas razones, incluso cuando el tipo de magma parece similar. En el caso del monte Etna, el volcán más activo de Europa, ubicado en Sicilia, dos explosiones...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Las grandes erupciones volcánicas pueden producirse por distintas razones, incluso cuando el tipo de magma parece similar. En el caso del monte Etna, el volcán más activo de Europa, ubicado en Sicilia, dos explosiones separadas por miles de años demostraron que tanto el agua como el dióxido de carbono pueden activar procesos que llevan a eventos altamente explosivos, capaces de lanzar cenizas y gases a la atmósfera y modificar el paisaje en pocos días. Entender cómo y por qué ocurren estos mecanismos resulta fundamental para anticipar futuros riesgos volcánicos y mejorar los sistemas de alerta temprana en regiones habitadas.
Un estudio dirigido por científicos de la Universidad de Cornell publicado en Geochemistry, Geophysics, Geosystems analizó en detalle estas dos erupciones históricas. El equipo, que contó con participación de especialistas de la Universidad de Columbia y la Universidad de Hawái, utilizó técnicas para investigar cristales y burbujas microscópicas preservadas en rocas volcánicas. Estas herramientas permitieron reconstruir con precisión la forma en que los magmas ascendieron y cambiaron dentro del volcán antes de cada explosión.
Los detalles
Qué revelan los episodios explosivos del Etna sobre el rol de los gases volcánicosEn los volcanes, el tipo de magma influye en el comportamiento de las erupciones. Los magmas basálticos, como los analizados en el monte Etna, contienen menos sílice y suelen ser más fluidos, lo que facilita el escape de gases y reduce la explosividad. Sin embargo, factores como la cantidad de agua o dióxido de carbono en su interior pueden cambiar este patrón y desencadenar erupciones sumamente violentas.
La erupción Pliniana del año 122 a. en el monte Etna generó una densa nube de ceniza que oscureció el cielo durante días y cubrió gran parte de Sicilia. El análisis del equipo científico muestra que se produjo a partir de un proceso poco habitual para este tipo de volcanes.
En general, los magmas basálticos originan erupciones menos explosivas, pero en este caso el magma ascendió desde unos 22 kilómetros de profundidad y quedó retenido durante al menos tres semanas en una zona cercana a la superficie, entre 2 y 5 kilómetros bajo el volcán. Durante ese tiempo, el gas atrapado se fue escapando lentamente y se formaron pequeños cristales llamados microlitos, lo que volvió el magma más espeso. Esta combinación de factores favoreció la acumulación de gases y desembocó en una explosión súbita y potente.
Qué dicen los expertos
Los autores basan esta reconstrucción en el análisis de diminutas burbujas y restos de magma atrapados dentro de cristales de olivino, una técnica que permite rastrear el recorrido y los cambios físicos del magma antes de la erupción. En cambio, el evento conocido como Fall Stratified, que tuvo lugar en el mismo volcán casi 4. 000 años atrás, siguió un camino diferente.
En esa ocasión, el magma permaneció almacenado a mayor profundidad, entre 24 y 30 kilómetros, y contenía mucho más dióxido de carbono (CO₂). Cuando ese gas alcanzó cierta presión, el magma subió rápidamente hacia la superficie y la erupción se desencadenó en pocas horas, sin una fase lenta de escape de gases ni de retención en niveles superficiales. Según los autores, este mecanismo demuestra que la presión ejercida por el CO₂ puede ser suficiente para provocar una erupción explosiva desde zonas profundas del subsuelo.
El profesor Esteban Gazel explicó en un comunicado oficial que el Etna ofrece un caso excepcional para la ciencia, ya que “es uno de los pocos volcanes del mundo donde el agua y el dióxido de carbono compiten por controlar la erupción”. Según el experto, cuando predomina el CO₂, la explosión ocurre de forma rápida y desde gran profundidad; si el papel principal lo tiene el agua, el proceso se ralentiza y se concentra en niveles más cercanos a la superficie. Estos resultados ayudan a entender por qué un mismo volcán puede producir erupciones tan diferentes y subrayan la importancia de analizar los gases presentes en el magma para anticipar el comportamiento volcánico.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





