El filósofo de las máquinas: "Que un amigo sea artificial o biológico es, a fin de cuentas, secundario"

El mundo de par en parEl filósofo de las máquinas: "Que un amigo sea artificial o biológico es, a fin de cuentas, secundario"El pensador francés Dominique Lestel, ingeniero de inteligencia artificial en los años...
December 31 — İsrail x Hamas Ateşkes II. Aşama...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: El mundo de par en parEl filósofo de las máquinas: "Que un amigo sea artificial o biológico es, a fin de cuentas, secundario"El pensador francés Dominique Lestel, ingeniero de inteligencia artificial en los años ochenta, publica en español 'Las máquinas insurreccionales' (Cactus), una teoría de lo viviente que abre el club de los vivos a los artefactos que nos plantan caraBerggruen Institute Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarDaniel ArjonaActualizado Domingo, 23 agosto 2026 - 01:38AÑADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasEn abril de 2018, en Kofukuji, un templo budista con 450 años de historia al este de Tokio, el monje Bungen Oi ofició un funeral. Hubo incienso, hubo un sutra y hubo difuntos: 114 perros Aibo alineados unos junto a otros. Sony los había dejado de fabricar en 2006, y la empresa de reparaciones que desde entonces los mantenía con vida trasplantando piezas de Aibos ya muertos quería así despedirlos.
«Todas las cosas tienen un poco de alma», explicó el monje a la prensa. El filósofo francés Dominique Lestel abre con ese funeral el capítulo que dedica a la amistad en Las máquinas insurreccionales. Y es que cuando lloramos a un perro de plástico como a uno de carne y hueso, la frontera de lo vivo queda irremediablemente desdibujada.
Los detalles
Lestel (1961) conoce las dos orillas. Fue ingeniero de inteligencia artificial en Bull a mediados de los ochenta y pasó por el MIT Media Lab de Seymour Papert antes de consagrarse, en la École Normale Supérieure de París, a la etología y a la pregunta por lo que compartimos con los animales. Este libro, escrito entre un laboratorio de robótica de Tokio y Stanford, se publicó en Francia en 2021 y llega ahora al español (Cactus, traducción de Valentín Huarte) con cinco años de vértigo a cuestas: entre una edición y otra irrumpieron ChatGPT y los compañeros artificiales de masas, y China prohibió este mismo verano los novios virtuales para menores.
Usted escribe que «una máquina insurreccional no es una máquina que se rebela, sino una máquina que produce fricciones», y que un programa con fallos ya es un artefacto insurreccional. Es casi lo contrario de lo que promete el título. ¿Por qué eligió una palabra tan cargada como «insurrección» para nombrar algo tan cotidiano como una máquina que se resiste?
«Máquina insurreccional» es un término multidimensional y eso es lo que lo vuelve tan interesante. «Insurrección» es, para empezar, una palabra que Oresme toma del bajo latín, insurrectio, que significa «elevarse». Solo hacia mediados del siglo XIX se moviliza para evocar una revuelta.
Una «máquina insurreccional» no es solamente una máquina que suscita fricciones con el humano, sino una máquina cuyo estatuto se eleva a través de esas fricciones, que la hacen salir del conjunto de las cosas y entrar en el espacio de lo viviente.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.



