
Así evolucionaron los famosos y peligrosos arroyos de Barranquilla: 117 personas fueron arrastradas en el último siglo
Los arroyos de Barranquilla ya no dictan el pulso diario de la ciudad. Tras más de cien años de tragedias y al menos 117 muertes registradas, las intervenciones urbanas y las millonarias inversiones han cambiado...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Los arroyos de Barranquilla ya no dictan el pulso diario de la ciudad. Tras más de cien años de tragedias y al menos 117 muertes registradas, las intervenciones urbanas y las millonarias inversiones han cambiado radicalmente la relación de la ciudad con sus históricas escorrentías. Durante décadas, la llegada de la lluvia implicaba la paralización total de la vida cotidiana en la capital del Atlántico.
Barrios enteros quedaban aislados, los buses no se movían y cientos de personas esperaban a que el agua bajara para regresar a casa. El fenómeno de los arroyos, que atravesaban las calles con caudales de hasta 150 metros cúbicos por segundo y velocidades que superaban los seis metros por segundo, sembró miedo e incertidumbre en la población. Según una reciente investigación adelantda por El Tiempo, la ciudad dejó de estar dominada por los arroyos, aunque estos no han desaparecido por completo.
Los detalles
Las obras de canalización y drenaje han permitido recuperar sectores antes considerados zonas de riesgo, y la movilidad urbana ya no se detiene cada vez que llueve. Sin embargo, las lluvias intensas todavía generan flujos superficiales en algunos puntos críticos, y la tarea de gestionar el agua no ha terminado. El desarrollo urbano de Barranquilla sobre una llanura aluvial en conexión directa con el río Magdalena fue el punto de partida de la problemática.
El crecimiento acelerado de la ciudad, sumado a la pérdida de áreas permeables y la ausencia de un alcantarillado pluvial eficiente, agravó la situación. Según el geólogo Humberto Ávila, cerca del 80 % del agua lluvia terminaba escurriendo superficialmente, lo que provocaba la formación de arroyos peligrosos como Rebolo, Felicidad, Country y el de la calle 84, publicó El Tiempo. Estos arroyos no solo arrastraban vehículos y partían la ciudad en dos, sino que cobraban vidas.
El observatorio ciudadano Proyecto Arroyos de Barranquilla documentó al menos 117 muertes hasta octubre de 2025, siendo la mayoría hombres menores de 40 años y peatones. Un dato relevante es que más de la mitad de los fallecimientos se produjeron por contacto directo con las corrientes, en muchas ocasiones durante actividades recreativas o intentos de rescate. El impacto cultural y social de los arroyosA lo largo de los años, los arroyos se convirtieron en parte de la identidad barranquillera.
Qué dicen los expertos
Frases populares y relatos locales daban cuenta de una ciudad resignada a la fuerza del agua. “Llovía y la gente se quedaba en la casa. El que salía cuando estaba lloviendo era el que no era de aquí”, recuerda Ignacio de la Hoz, ingeniero hidráulico de la CRA, consultado por El Tiempo.
Para muchos, la lluvia no solo significaba riesgo, sino la interrupción total de la vida económica, académica y social. Casos como la muerte de un estudiante arrastrado por el arroyo de la calle 84, relatados por funcionarios de la CRA, muestran que la tragedia era una experiencia compartida por varias generaciones de barranquilleros. La ciudad se adaptó culturalmente a la presencia de los arroyos, integrando el riesgo a su cotidianidad.
El verdadero punto de inflexión llegó entre 2015 y 2016, cuando la administración local, con respaldo de la CRA, puso en marcha un ambicioso plan de obras de canalización. 000 millones de pesos fueron invertidos en la intervención de corredores críticos como La Felicidad, Carrera 21, Calle 76, Carrera 65, Hospital y Calle 92. Estas infraestructuras permitieron canalizar varios de los arroyos más peligrosos y transformar sectores que durante décadas estuvieron asociados al peligro.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



