
“Backrooms”: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano?
Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. ¿Hay alguien ahí? No hay amenaza visible, tan...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. No hay amenaza visible, tan solo espacios huecos y silenciosos. Ante ese vacío surge una pregunta: ¿ha llegado el Apocalipsis?
¿Dónde están los humanos? Es como volver a la casa de la infancia y encontrar solo ruinas. Como conservar una fotografía de nuestros seres queridos cuando ya no están vivos: ¿por qué siguen apareciendo en la imagen?
Los detalles
Lo cotidiano se experimenta como extraño. Esa extrañeza tiene un nombre cada vez más frecuente en la cultura digital: liminalidad. El éxito de los backrooms (“trastiendas”), nacidos en internet y convertidos ahora en película, ha dado forma narrativa a una sensibilidad que Valentina Tanni analiza en Estéticas liminales, publicado originalmente como Exit Reality, y traducido recientemente al español.
No se trata solo de una moda visual de internet hecha de paredes amarillo nicotina, moquetas viejas y luces fluorescentes zumbando sin descanso en un laberinto infinito y onírico de habitaciones vacías. Está en juego una pregunta mucho más radical: qué le está pasando a la idea misma de lugar. ¿Dónde está nuestro hogar?
Una habitación se vuelve lugar cuando alguien puede orientarse en ella, recordarla y sedimentar allí su existencia. El lugar exige tiempo, repetición y vínculo. Por eso una casa no es solo arquitectura, es donde habitamos.
Qué dicen los expertos
El filósofo Gaston Bachelard señaló que el espacio vivido no es simplemente un espacio geométrico delimitado, ya que la casa, el rincón o la habitación nos importan porque organizan imaginariamente nuestra relación con el mundo. En esa intimidad resuena todavía una memoria arcaica de refugio, casi de cueva o incluso útero. Lo que convierte un espacio en hogar es la huella de nuestros gestos y de nuestra pertenencia.
El sujeto necesita arraigo, pero no permanece inmóvil. Crece, se desplaza, reconfigura roles, atraviesa duelos, nacimientos, separaciones y pérdidas. Los ritos de paso dan reconocimiento comunitario a esos tránsitos.
El antropólogo Arnold van Gennep distinguió tres momentos en todo cambio de estado: separación, margen y agregación. El sujeto se desprende de su posición anterior, atraviesa una fase intermedia y se reincorpora a la comunidad bajo una nueva condición. Victor Turner, estudioso de símbolos y ritos, describió el estado de transición cultural y antropológico como un limbo: un “entre”, un estado ambiguo, por ejemplo, entre la infancia y la adultez, la soltería y el matrimonio, la vigilia y el sueño.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



