Charlotte de Witte convierte el Sónar de noche en una llamada a proteger la cultura de club
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Contenido solo para suscriptoresCharlotte de Witte convierte el Sónar de noche en una llamada a proteger la cultura de clubJornada del viernes nocheDesarrollos progresivos, cortes abruptos y una celebración más contenida de lo que prometía el gran formatoLa belga Charlotte de Witte presentó el espectáculo 'The resistance' en el escenario principalNico Tomàs/ACN Jaime CasasBarcelona 20/06/2026 11:19 Actualizado a 20/06/2026 11:39 La maquinaria nocturna de Sónar puso en marcha una miríada de estilos que, pese a su diversidad aparente, acabaron confluyendo en una misma lógica de aceleración, cortes bruscos y cambios de ritmo constantes. La música de baile contemporánea parece haber perdido paciencia para el desarrollo largo: todo reclama impacto inmediato, giro, caída, nuevo arranque. El entusiasmo del público, sin embargo, fue más contenido de lo previsto.
Contra pronóstico, no hubo grandes aglomeraciones ni sensación de agobio. El nuevo recinto repartió a los asistentes con la eficacia de una ciudad paralela, amplia y funcional, donde los contrastes estéticos resultaban menos marcados de lo que prometía el cartel. El público, con más acento local que internacional, se dejó llevar por esa corriente común.
Los detalles
Unos lo hicieron desde la nostalgia, reivindicando a gritos -porque allí era imposible hablar de otra manera- que “nosotros somos de la Máquina”, que “éramos los de Pont Aeri y la Sala del Cel”; otros se apresuraban a responder, con complicidad, que “ellas también”. Ese sabor a música de baile de extrarradio asomó en el Club con Funk Tribu, que, sin despertar grandes pasiones, trajo a la noche una memoria maquinera reconocible y remató con un guiño inesperado a Manu Chao en pleno subidón adrenalínico. La escena condensaba algo del nuevo clima del festival: menos hallazgo inesperado de lo que cabría suponer en una cita de prestigio vanguardista, más celebración compartida de códigos reconocibles, eficaces y algo añejos.
Lee tambiénEl Sónar se descubre: un Skepta encapuchado llenó el escenario principal mezclando rave y rapSergioLozanoEn un Village más descafeinado que en otras ocasiones, SBTRKT ofreció una de las dosis más diferenciales de la noche. El alias del productor británico Aaron Jerome volvió a primer plano más de una década después de su gran momento post-dubstep con un directo psicodélico, musculado por la batería y más físico de lo que sugería su vieja neblina electrónica. En su música, asociada en su momento a remezclas para M.
, Radiohead o Modeselektor, aún asomaba algo de la sombra rítmica de Burial, pero desplazada hacia un terreno más acelerado, disonante y corporal. En una programación dominada por DJs, se agradeció esa sensación de electrónica realmente tocada en vivo, con margen para el pulso humano, el desvío y la fricción. La otra imagen fértil de la noche llegó por una vía menos monumental: el jungle amable de Nia Archives.
Lo suyo tenía menos aparato y más nervio melódico.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





