
Chatbots y educación: cómo interviene la IA en la construcción del conocimiento
Todas las mañanas, antes de salir de su casa, Sebastián le pide a su chatbot que le resuma en un audio los textos que debe leer para la escuela. Lo escucha en el colectivo o en el auto, medio dormido, mientras la ciudad...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Todas las mañanas, antes de salir de su casa, Sebastián le pide a su chatbot que le resuma en un audio los textos que debe leer para la escuela. Lo escucha en el colectivo o en el auto, medio dormido, mientras la ciudad todavía se está despertando. Llega al aula con una idea somera de cada tema —lo suficiente, a veces, para repetirla en un examen y que alcance para aprobar— sin que nadie, ni siquiera él, note que no hubo un encuentro real con la lectura.
Aprueba, pero solo retuvo una superficie funcional. Esto, con matices, lo cuentan cada vez más pacientes de doce o trece años en adelante que llegan al consultorio, provenientes de historias y contextos muy distintos entre sí. Leer un texto exige algo que ningún resumen puede reemplazar: la tolerancia a no entender del todo, el trabajo de construir sentido con las herramientas existentes y el tiempo en que el pensamiento se ejercita a solas, sin auxilio.
Los detalles
Ese tiempo de esfuerzo personal hoy muchos lo consideran perdido, porque nos convencieron de que el tiempo es correr y hacer mucho en poco tiempo. De los costos de esa aceleración se habla poco todavía, aunque ya se notan algunas secuelas. Piaget explicó hace casi un siglo el proceso por el cual aprendemos.
Para él, la mente no recibe información como quien llena un balde: construye conocimiento organizando lo nuevo a partir de esquemas, estructuras con las que interpreta el mundo a la luz de lo ya conocido. Mientras un contenido es compatible con esos esquemas, el pensamiento lo asimila y sigue de largo. Cuando algo nuevo contradice o desborda lo que esos esquemas pueden explicar, aparece lo que Piaget llamó un desequilibrio, una incomodidad, el momento exacto en que empieza a formularse una pregunta propia.
En tiempos de intolerancia hacia la incomodidad, sostener este proceso natural de adquisición de conocimiento parece casi un acto de resistencia. Sebastián pudo haber escuchado la historia de San Martín en el audio del chatbot. Podría haberse preguntado por qué decidió cruzar los Andes en lugar de ir por mar.
Qué dicen los expertos
Esa pregunta lo habría llevado a investigar, a descubrir que la vía terrestre tradicional por el Alto Perú había fracasado repetidas veces y favorecía a sus enemigos, y que existieron expediciones previas por esa ruta. Ya no solo recordaría por qué cruzó por un lugar y no por otro, también conocería el mapa militar y político de la gesta. La pregunta, la curiosidad, genera incomodidad, y esa incomodidad obliga a modificar la estructura interna para alojar lo nuevo.
Piaget llamó a ese proceso acomodación. Esa reorganización interna posibilita el aprendizaje: se le hace lugar dentro nuestro y permanece. Pedirle a un chatbot que resuma equivale a pedirle el resumen a un compañero: lo que se recibe no es solo información, es también el recorrido mental de otro.
Con la diferencia de que ese procesamiento no es mental, sino una réplica sintetizada, muchas veces distorsionada por los sesgos de los textos con los que se alimenta la IA. La información entra y sale sin dejar demasiado. El problema no es que el resumen esté mal hecho, sino que el trabajo de pensar no se realizó.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





