
“Creí que buscaba sexo, cuando lo que necesitaba en realidad era otra cosa”
“No morimos por falta de sexo, sino por falta de caricias”. Valerie Tasso.No siempre se engaña por deseo: a veces se traiciona por hambre emocional.Llevamos quince años como amantes. Los primeros doce fluyeron, cada vez...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. “No morimos por falta de sexo, sino por falta de caricias”. No siempre se engaña por deseo: a veces se traiciona por hambre emocional. Llevamos quince años como amantes.
Los primeros doce fluyeron, cada vez que nos veíamos era una celebración. Pero los últimos tres se complicaron mucho. Carina llegó a mi estudio para que la ayudara en su divorcio, un proceso largo y muy difícil.
Los detalles
Ella tenía treinta y nueve años, y yo cincuenta. Su ex marido era uno de esos hijos de puta sin paz que le hacía la vida imposible, lo que nos obligó a hablar a diario y compartir situaciones de mucha tensión. Ella se quebró varias veces y en esos momentos yo le daba la mano, o si la veía muy mal, la abrazaba.
Con mi esposa estamos juntos desde que teníamos dieciocho años. Nos conocimos en la facultad, cuando además de estudiar trabajábamos todo el día para salir adelante. Los dos veníamos de familias humildes y necesitábamos construirnos un futuro diferente.
Apenas pudimos nos mudamos juntos porque nos resultaba imposible pagar dos alquileres. Y ni hablar de vernos: con jornadas de trabajo de hasta doce horas, apenas podíamos con nosotros mismos. Con mucho sacrificio nos recibimos y seguimos progresando.
Qué dicen los expertos
Tardamos en decidirnos a tener hijos porque teníamos miedo de no poder darles la calidad de vida que recién empezábamos a descubrir para nosotros. Solo después de un gran esfuerzo e infinitas conversaciones decidimos tirarnos a la pileta. En síntesis, hasta los cuarenta años no tuve margen más que para empujar y empujar.
La sexualidad con mi esposa a esa altura era mínima y de subsistencia, no solo porque llevábamos veintidós años juntos, sino porque los habíamos vivido bajo mucha presión. Primero, por trabajar y estudiar a destajo y en simultáneo. Y después, por tener que trabajar como locos para salir adelante y poder bancar a nuestra familia.
Ella también trabajaba en nuestro estudio contable, aunque en menor medida que yo para poder ocuparse más de nuestros dos hijos. Durante diez años viví mi sexualidad prácticamente en soledad. Apenas llegábamos a la cama mi mujer se desmayaba, y yo no encontré más remedio que masturbarme casi a diario.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





