
De un grupo del under porteño a un fenómeno mundial: la historia de Fuerza Bruta
Desde hace más de veinte años, Fuerza Bruta construyó un lenguaje propio dentro de la escena teatral argentina. Sin butacas, sin escenario tradicional y con el público convertido en protagonista, la compañía llevó su...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Desde hace más de veinte años, Fuerza Bruta construyó un lenguaje propio dentro de la escena teatral argentina. Sin butacas, sin escenario tradicional y con el público convertido en protagonista, la compañía llevó su propuesta a decenas de países y consolidó una identidad que combina acrobacia, música, performance y tecnología. Sin embargo, detrás del despliegue visual existe una idea que permanece intacta desde sus inicios: provocar una reacción en quienes asisten.
Así lo explicó Fabio D’Aquila, director general de Fuerza Bruta, durante una entrevista con Infobae a la Tarde. En diálogo con Manu Jove, sostuvo que desde el estreno del espectáculo, en 2005, el objetivo nunca cambió. “La búsqueda siempre fue provocar al público, que participe, que se sorprenda”, resumió al describir una experiencia en la que el espectador deja de ocupar un lugar pasivo para transformarse en parte del show.
Los detalles
Esa filosofía, según explicó, no nació con Fuerza Bruta. Sus raíces se remontan a Organización Negra, el colectivo teatral surgido en el under porteño durante la década de 1980, en plena posdictadura, donde comenzó a desarrollarse un lenguaje escénico atravesado por la experimentación y el impacto físico sobre el público. Más adelante llegaría De la Guarda, el exitoso espectáculo que abrió las puertas de los escenarios internacionales y terminó convirtiéndose en el antecedente directo de Fuerza Bruta.
“Arrancamos en el under porteño, en 1986, con Organización Negra. Era un lenguaje mucho más violento, muy distinto al de hoy, pero ya estaba esa idea de provocar y generar participación”, recordó D’Aquila, quien además mencionó la influencia que tuvo la compañía catalana La Fura dels Baus en aquella etapa de formación. Con el paso de los años, esa búsqueda fue refinándose, aunque sin abandonar su esencia.
Para el director, el desafío consiste justamente en romper con las reglas tradicionales del teatro y construir una experiencia donde el público pueda reaccionar con total libertad. “Nos gusta romper el límite de lo teatral. Lo nuestro es exactamente lo opuesto a la solemnidad: buscamos que la gente venga, grite, baile y se divierta.
Qué dicen los expertos
Pero eso hay que provocarlo”, afirmó. En esa lógica, cada función termina siendo distinta. D’Aquila explicó que no existe una reacción predeterminada y que buena parte del espectáculo depende de la energía que generan quienes asisten.
“Me gusta pensar que el que viene entra en una caja de sorpresas. De a poco se va transformando en parte del show”, señaló, al describir una experiencia donde el límite entre artistas y espectadores prácticamente desaparece. Ese concepto también acompañó el crecimiento internacional de la compañía.
Lo que comenzó como una propuesta alternativa dentro del circuito porteño terminó recorriendo 37 países y 68 ciudades, un proceso que, según contó, fue mucho más gradual de lo que suele imaginarse. Primero llegaron los festivales internacionales y luego una larga temporada en Nueva York, un punto de inflexión que obligó al grupo a dejar de interpretar todas las funciones con su elenco original para empezar a formar artistas en distintas partes del mundo. “Ahí tuvimos que dejar de ser nosotros quienes poníamos el cuerpo y comenzar a entrenar a otros para que transmitieran el mismo lenguaje”, explicó.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





