
El calvario del “niño burbuja”: doce años sin besos de su mamá, un trasplante fallido y los intentos de ayuda de la NASA
Le dio un guiño a su médico. Eso fue todo. Ese fue el último gesto de David Vetter antes de morir el 22 de febrero de 1984, dos semanas después de salir por primera vez en su vida del plástico que lo había rodeado desde...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Le dio un guiño a su médico. Ese fue el último gesto de David Vetter antes de morir el 22 de febrero de 1984, dos semanas después de salir por primera vez en su vida del plástico que lo había rodeado desde los veinte segundos de edad. Un guiño al doctor William T.
Y en esos 12 años, el mundo entero había aprendido su apodo sin saber su nombre. Para todos era solo el “niño burbuja”. Quién era el “niño burbuja”David Philip Vetter nació el 21 de septiembre de 1971 en el Texas Children’s Hospital de Houston con inmunodeficiencia combinada severa (IDCS), una enfermedad genética que destruye por completo el sistema inmunológico.
Los detalles
Sin defensas de ningún tipo, cualquier microorganismo (una bacteria, un virus o hasta el aire sin filtrar) podía matarlo. La IDCS afecta, según distintos estudios, entre uno de cada 100. 000 y uno de cada 50.
En Estados Unidos, donde nacen cerca de cuatro millones de bebés al año, eso equivale a entre 40 y 80 casos anuales. En 1971, la enfermedad era una sentencia de muerte casi sin apelación. Veinte segundos después de nacer, David fue colocado en un aislador de plástico estéril.
El plan era mantenerlo con vida hasta que la medicina encontrara una cura. Los médicos estimaban que eso podría ocurrir en poco tiempo. David Vetter pasó los siguientes 12 años dentro de una burbuja esperando ese milagro que nunca llegó.
Qué dicen los expertos
La familia que ya sabía lo que se veníaDavid no fue el primer hijo de Carol Ann y David J. Un año antes, en 1970, otro niño Vetter había nacido con la misma variante de IDCS y murió a los siete meses. Semanas después de ese funeral, Carol Ann descubrió que estaba embarazada otra vez.
Los médicos le confirmaron que el feto era varón y que tenía un 50% de probabilidades de nacer con la misma condición. La pareja rechazó la posibilidad de interrumpir el embarazo. “La decisión vino de nuestro corazón y de nuestra mente.
Pusimos nuestra confianza en Dios”, dijo Carol Ann años después. Más tarde reconoció que “quizás nuestro juicio estaba un poco nublado por el dolor que sentíamos en ese momento”. La apuesta de los Vetter tenía una lógica médica concreta.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





