
El consumo de bebidas light en bebidas dietéticas puede aumentar el hambre, según nuevos estudios
Las gaseosas o bebidas dietéticas se presentan como una opción dirigida a quienes buscan reducir el consumo de azúcar y calorías sin renunciar al sabor dulce característico de las versiones tradicionales. Estas bebidas...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Las gaseosas o bebidas dietéticas se presentan como una opción dirigida a quienes buscan reducir el consumo de azúcar y calorías sin renunciar al sabor dulce característico de las versiones tradicionales. Estas bebidas se diferencian principalmente por el uso de edulcorantes artificiales o naturales de bajo o nulo contenido calórico, como el aspartame, la sucralosa o la stevia. De esta forma, logran ofrecer un perfil de sabor similar, pero con un aporte energético sensiblemente menor, lo que las ha posicionado como una alternativa frecuente en dietas para el control de peso o en personas con diabetes.
A pesar de su popularidad, la evidencia científica ha comenzado a cuestionar algunos de sus beneficios. Estudios recientes sugieren que el consumo de las denominadas “light” podría estimular el apetito y aumentar la sensación de hambre, lo que podría contradecir su propósito original. Según una publicación de la revista JAMA Network Open, investigadores identificaron que el consumo de edulcorantes artificiales puede estar vinculado con una mayor activación de áreas cerebrales relacionadas con el deseo de alimentos y la regulación del apetito, lo que podría explicar por qué algunas personas sienten más hambre después de ingerir estas bebidas.
Los detalles
Las bebidas dietéticas y el aumento del apetitoLa evidencia científica muestra que los edulcorantes artificiales, como la sucralosa presente en muchas bebidas dietéticas, no solo aportan dulzor sin calorías, sino que también pueden alterar la forma en que el cerebro regula el hambre. Las gaseosas “light” podrían dar más hambre porque el endulzante aporta sabor dulce sin elevar la glucosa, la insulina ni el GLP-1 como lo hace la sacarosa, de acuerdo con una revisión de JAMA Network Open publicada en 2021. Esa discrepancia puede activar áreas cerebrales ligadas al apetito y aumentar la sensación de hambre.
Para explicar esa respuesta, Kathleen Page, endocrinóloga y directora del Instituto de Diabetes y Obesidad de la Universidad del Sur de California dijo a National Geographic que “cuando el cerebro recibe una señal de dulzura, anticipa que le seguirán nutrientes”. Un estudio publicado en Nature Medicine analizó a 75 adultos jóvenes que consumieron bebidas endulzadas con sucralosa, sacarosa (azúcar de mesa) o simplemente agua. Tras consumir el primer endulzante, los participantes experimentaron una mayor activación en el hipotálamo, la región cerebral que regula el apetito, y reportaron un incremento de hasta el 20% en la sensación de hambre en comparación con quienes consumieron el azúcar tradicional.
Las pruebas por resonancia magnética funcional mostraron que, a diferencia de la sacarosa, el edulcorante incrementa el flujo sanguíneo al hipotálamo y no induce la liberación de hormonas como la insulina o el GLP-1, asociadas a la saciedad. De este modo, el consumo de este tipo de bebidas puede traducirse en una mayor sensación de apetito y, potencialmente, en una ingesta calórica superior durante el día. La Organización Mundial de la Salud, en su guía de 2023, desaconseja el uso de edulcorantes artificiales como estrategia para el control de peso, citando evidencia que los vincula con un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2.
Qué dicen los expertos
De este modo, los metaanálisis sugieren que existe un “engaño” al cerebro, que espera que el dulzor vaya acompañado de una ingesta de calorías. Al no obtenerlas, el cuerpo intensifica las señales de hambre. Esta reacción ha sido observada tanto en humanos como en animales, y fue corroborada en investigaciones lideradas por Kathleen Page.
Quiénes podrían ser más sensibles al efectoEl estudio publicado en JAMA Network Open encontró diferencias por sexo e índice de masa corporal. Sus autores concluyeron que las mujeres y las personas con obesidad podrían ser especialmente sensibles a las respuestas neuronales que provoca la sucralosa en comparación con la sacarosa. En ese ensayo, las participantes mostraron respuestas mayores en regiones cerebrales relacionadas con señales alimentarias después de consumir sucralosa frente a sacarosa.
Además, consumieron más calorías en la comida, mientras que en los hombres esa diferencia no apareció. Entre las personas con exceso de peso, el estudio detectó una mayor respuesta neuronal a ciertas señales alimentarias tras la sucralosa frente al azúcar. CNN destacó ese antecedente y citó a expertos que consideran que personas con resistencia a la insulina podrían ser más propensas a sufrir alteraciones en el control del apetito.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





