
El día que Génova estalló: a 25 años del caso del joven asesinado por la policía durante las violentas protestas antiglobalización
Hay fotos que resumen una época y otras que, con el paso del tiempo, se transforman en un símbolo imposible de olvidar. Una de ellas muestra a un joven con el rostro cubierto, inclinado sobre un matafuegos que acaba de...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Hay fotos que resumen una época y otras que, con el paso del tiempo, se transforman en un símbolo imposible de olvidar. Una de ellas muestra a un joven con el rostro cubierto, inclinado sobre un matafuegos que acaba de levantar del suelo, frente a una camioneta Land Rover Defender rodeada por manifestantes. Apenas unos segundos después, ese muchacho caería mortalmente herido por un disparo efectuado desde el interior del vehículo policial.
Luego, en medio del caos, el mismo móvil pasaría dos veces sobre su cuerpo mientras intentaba escapar de una multitud que lo atacaba. El joven se llamaba Carlo Giuliani. Su muerte, ocurrida el 20 de julio de 2001 en la Piazza Alimonda de Génova, dejó una marca indeleble en la historia política italiana y convirtió a la cumbre del G8 de aquel año en uno de los encuentros internacionales más controvertidos de las últimas décadas.
Los detalles
Las imágenes dieron la vuelta al mundo en cuestión de horas y abrieron un debate que todavía hoy continúa: ¿actuó el carabinero que disparó en legítima defensa o existió un uso desproporcionado de la fuerza? ¿Fue una tragedia inevitable en medio del descontrol o el resultado de un operativo policial mal planificado? Las respuestas siguen generando posiciones encontradas.
Historia trágicaLo que nadie discute es que aquellos tres días de julio transformaron para siempre la relación entre los movimientos antiglobalización, las fuerzas de seguridad y los gobiernos europeos. Para comprender cómo se llegó a ese desenlace es necesario retroceder algunos años y conocer quién era ese joven que, casi por decisión de último momento, terminó participando de una protesta que cambiaría la historia contemporánea de Italia. Carlo Giuliani había nacido en Génova el 14 de marzo de 1978.
Creció en una familia donde el compromiso político y sindical formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, Giuliano Giuliani, era un reconocido dirigente de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), mientras que su madre, Haidi Gaggio, desarrollaba una intensa actividad social y política. Las discusiones sobre derechos laborales, desigualdad y participación ciudadana eran habituales en su hogar.
Qué dicen los expertos
Sin embargo, quienes lo conocieron coinciden en que Carlo no era un militante orgánico de ningún partido político. Había cursado distintos estudios, desempeñado trabajos ocasionales y, como muchos jóvenes italianos de finales de los años noventa, encontraba en el naciente movimiento antiglobalización un espacio de participación más amplio que las estructuras tradicionales de la política. Frecuentaba a integrantes de las Tute Bianche (Túnicas Blancas), un movimiento que impulsaba formas de protesta directa y desobediencia civil, aunque no figuraba formalmente como dirigente ni portavoz del grupo.
El cambio de siglo encontró al mundo inmerso en un intenso debate sobre la globalización económica. Las reuniones del G8 -integrado entonces por Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Rusia- se habían convertido en un blanco permanente de organizaciones sindicales, ambientalistas, pacifistas y movimientos sociales que denunciaban el aumento de la desigualdad, el peso de las corporaciones multinacionales y el impacto de las políticas económicas impulsadas por los países más desarrollados. Clima calienteLas protestas ya habían tenido capítulos resonantes en Seattle, Praga y Quebec.
Pero ninguna alcanzaría la dimensión de Génova. Italia desplegó uno de los mayores operativos de seguridad de su historia reciente. Miles de policías y carabinieri fueron movilizados para custodiar la ciudad, mientras el casco histórico fue transformado en una “zona roja”, completamente cercada por vallas metálicas y accesible únicamente para residentes y personal autorizado.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




