
El golpe a Illia: un joven oficial dispuesto a resistir, la intransigencia de los militares y un mea culpa que llegó tarde
Mientras la gente cantaba espontáneamente el Himno Nacional en la puerta de una Casa Rosada que no tenía rejas alrededor, al presidente que minutos antes había sido depuesto a pura prepotencia militar le quedó fijada la...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Mientras la gente cantaba espontáneamente el Himno Nacional en la puerta de una Casa Rosada que no tenía rejas alrededor, al presidente que minutos antes había sido depuesto a pura prepotencia militar le quedó fijada la imagen de un canillita con el puesto sobre Plaza de Mayo, con el que charlaba ocasionalmente. Era la mañana del martes 28 de junio de 1966 y el chico, aferrado a una columna de alumbrado, lloraba a moco tendido. La noche anterior, Arturo Illia había tenido su última audiencia como presidente.
Fue con la delegación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y duró quince minutos. Antes había recibido al secretario de Energía Conrado Storani, quien el 25 había regresado de un viaje oficial de Estados Unidos. A pesar de que le habían indicado que no lo hiciera, había declarado a la prensa que el gobierno de Estados Unidos apoyaba al gobierno de Illia y que en ese país sentían estupor ante los rumores de golpe.
Los detalles
Al presidente se lo veía pesimista. Storani acordó con Alfredo Concepción, Bernardo Grinspun, Roque Carranza, Enrique García Vázquez, Germán López y Félix Elizalde provocar una crisis en el gabinete y lograr la remoción de los ministros del Interior y Defensa, quienes eran los que le insistían al presidente que en las fuerzas armadas todo estaba tranquilo. Ricardo Balbín, el jefe partidario, estuvo de acuerdo.
Pero ya no había tiempo. Aun así fueron a verlo al vicepresidente Carlos Perette, quien vivía en el Hotel Savoy, y le propusieron resistir. Pero les dijo que deseaba acompañar al presidente.
Esa tarde el comandante en jefe teniente general Pascual Pistarini había relevado al general de división Carlos Caro, comandante del segundo cuerpo de ejército y comunicó que se le había retirado la confianza al Secretario de Guerra, general retirado Eduardo Castro Sánchez. A las 18:20 se ordenó el acuartelamiento del ejército, se pusieron bajo custodia los medios de comunicación, las estaciones y aeropuertos y las plantas de energía. A las 21:40 Pistarini anunció que desde las 21 controlaba las radios y las antenas de los canales 7 y 9, ubicadas en el techo del actual edificio de Desarrollo Social, sobre la avenida Nueve de Julio.
Qué dicen los expertos
Frustró la intención que tenía el presidente de dar un mensaje en cadena. En previsión, en Aeroparque había un avión preparado para trasladarlo. A las nueve de la noche el presidente había recibido a los comandantes en jefe de Marina y Fuerza Aérea.
Mientras el almirante Benigno Varela se mostró proclive a defender el orden constitucional, el brigadier Teodoro Álvarez sostuvo que el jefe del Ejecutivo debía renunciar para evitar enfrentamientos. A las 00:10 del martes 28, Illia anunció que asumía la jefatura del Ejército y relevaba a Pistarini, a quien acusó de “estado de rebelión”. Pistarini le respondió que esa comunicación carecía de valor.
Los conspiradores se referían a Illia como “el anciano presidente”. A las dos de la mañana el ministro del Interior Juan Severino Palmero aseguró a los periodistas que, salvo la de Castro Sánchez, no habría más renuncias. Según Storani, el ministro había restado importancia a los detalles de los preparativos del golpe que le había dado el jefe de la Policía Federal.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





