
El gran escape del fugitivo del siglo: burló la vigilancia de una prisión de máxima seguridad y desafió a la Justicia británica
Ronald “Ronnie” Biggs trepó uno de los imponentes muros de la prisión de Wandsworth, en Londres, utilizando una rudimentaria pero resistente escalera de soga con escalones de madera y ganchos de hierro. En cuestión de...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Ronald “Ronnie” Biggs trepó uno de los imponentes muros de la prisión de Wandsworth, en Londres, utilizando una rudimentaria pero resistente escalera de soga con escalones de madera y ganchos de hierro. En cuestión de segundos desapareció al otro lado del muro, burlando a los guardias y protagonizando una de las fugas más célebres de la historia británica. Aquel espectacular escape, ocurrido el 8 de julio de 1965, conmocionó al país y desencadenó una intensa persecución internacional que mantendría en vilo a las autoridades durante décadas.
Su audacia iría mucho más allá del golpe que la prensa había bautizado como el “Robo del siglo”. Apenas quince meses antes Biggs había sido condenado a treinta años de prisión por su participación en el increíble asalto al tren postal que cubría la ruta entre Glasgow y Londres, ese que los medios inmortalizaron como el “Gran robo del tren”. Con la captura de la banda, las autoridades creían haber cerrado uno de los casos criminales más resonantes de la década.
Los detalles
Sin embargo, esa fuga volvió a poner en evidencia los puntos flacos del sistema penitenciario británico. Ese escape convirtió a Ronald “Ronnie” Biggs en un símbolo de la audacia criminal y en uno de los fugitivos más buscados del mundo. Lo que siguió fue un exilio de treinta y seis años, marcado por identidades falsas, cirugías plásticas para burlar a las autoridades y refugios en distintos países, entre ellos Brasil.
Fue el comienzo de un desafío permanente a la Justicia británica que se prolongaría hasta su regreso voluntario al Reino Unido en 2001. El ladrón de los suburbios y el plan del sigloRonald Arthur Biggs nació el 8 de agosto de 1929 en Lambeth, un humilde barrio del sur de Londres. Fue criado durante los tiempos difíciles de la posguerra, pasó buena parte de su juventud vinculado a pequeños delitos y acumuló antecedentes por hurtos menores.
Durante años, solamente fue uno más entre los delincuentes de poca monta que circulaban por los suburbios londinenses, hasta que su destino se cruzó con el de Bruce Reynolds, el hombre que comenzaba a diseñar el golpe criminal más ambicioso de la historia británica. Por entonces, Biggs intentaba alejarse del delito y rehacer su vida como carpintero, pero sus dificultades económicas terminaron empujándolo nuevamente hacia el mundo criminal. Necesitaba dinero para comprar una casa para su familia y aceptó participar en el plan de Reynolds, aunque inicialmente no tendría un papel central dentro del asalto.
Qué dicen los expertos
Su misión era específica: conseguir a un hombre capaz de manejar la locomotora una vez que la banda tomara el control del tren. Para cumplir con ese encargo, Biggs contactó a Stan Agate, un antiguo maquinista ferroviario retirado que vivía en un parque de casas rodantes. El veterano conductor parecía la elección perfecta para la operación, ya que conocía los sistemas ferroviarios y podía ayudar a trasladar el convoy después de que los delincuentes detuvieran la formación.
El plan elaborado por Reynolds exigía una precisión absoluta. La banda pretendía interceptar un tren postal que transportaba grandes cantidades de dinero entre Glasgow y Londres, neutralizar a la tripulación, apoderarse del cargamento y escapar antes de que las autoridades pudieran reaccionar. Durante meses estudiaron horarios, recorridos y procedimientos ferroviarios hasta convertir el asalto en una operación que aparentaba no tener una sola fisura.
El gran robo, el botín millonario y el error inesperadoEl 8 de agosto de 1963 Biggs cumplió 34 años. Y lo “festejó” junto a los otros catorce hombres con los que ejecutó el golpe delictivo que la prensa británica bautizó como el “Gran robo del tren”. La banda interceptó el convoy de la línea principal de la costa oeste en el puente ferroviario de Bridego, cerca de Mentmore, en Buckinghamshire, después de manipular las señales del trayecto mediante un sistema de luces alimentadas por baterías.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





