
El hombre que construyó un tanque de guerra para destruir las casas de sus vecinos por venganza: “Tuve que ser irrazonable”
La puerta del galpón cedió a las 14:58 del 4 de junio de 2004. No hubo aviso. Solo el crujido del metal y el estruendo de 61 toneladas de acero y hormigón abriéndose paso hacia la calle principal de Granby, Colorado....
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La puerta del galpón cedió a las 14:58 del 4 de junio de 2004. Solo el crujido del metal y el estruendo de 61 toneladas de acero y hormigón abriéndose paso hacia la calle principal de Granby, Colorado. Adentro, sellado para siempre, iba Marvin Heemeyer.
Granby es un pueblo de 1. 700 habitantes enclavado en las Montañas Rocosas de Estados Unidos. Un lugar donde todos se conocen, donde los negocios se heredan y las disputas municipales se resuelven o no en reuniones del concejo a las que nadie va.
Los detalles
Marvin Heemeyer llegó allí en los años 90 y montó un taller de reparación de silenciadores de autos. Compró su terreno en 1992. Era un hombre corpulento de 1,93 metros, 109 kilogramos y barba canosa que nació en una granja lechera de Dakota del Sur y aprendió a manejar maquinaria pesada antes de aprender a manejar un auto.
Había sido reservista del ejército. Sabía construir objetos pesados con sus manos. Durante casi una década, el taller funcionó sin mayores contratiempos.
Heemeyer era conocido en el pueblo como alguien agradable y siempre dispuesto a ayudar. Su expareja Trisha Macdonald diría después que durante la relación “siempre se sintió segura con él”. Sus amigos lo describían como una persona con “un alto sentido de la justicia”.
Qué dicen los expertos
Ese sentido de la justicia sería, con el tiempo, la mecha que encendería su veganza. La planta de cemento que lo cambió todoEn 2001, el municipio de Granby aprobó la construcción de una planta de cemento en el terreno contiguo al taller de Heemeyer. La empresa era de Cody Docheff.
Heemeyer había usado ese acceso durante nueve años como atajo entre su casa y su negocio. Con la planta, ese paso desaparecía. Su taller quedaba, en la práctica, bloqueado.
Heemeyer peticionó al municipio para que rezonificara el terreno. Lo rechazaron de nuevo. La construcción de la planta, además, impidió que su taller se conectara a la red municipal de alcantarillado.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



