
El impacto de los viajes espaciales en la capa de ozono: riesgos y consecuencias para la atmósfera terrestre
El reciente anuncio de la tripulación de Artemis III, misión que la NASA y la Agencia Espacial Europea planean lanzar en 2027, volvió a poner el foco en los viajes espaciales y el futuro de la exploración lunar y...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: El reciente anuncio de la tripulación de Artemis III, misión que la NASA y la Agencia Espacial Europea planean lanzar en 2027, volvió a poner el foco en los viajes espaciales y el futuro de la exploración lunar y marciana. Sin embargo, paralelamente al avance tecnológico y el entusiasmo que generan estos hitos, surge un debate científico sobre un riesgo ambiental poco considerado: el impacto de los lanzamientos espaciales en la capa de ozono y la atmósfera terrestre. Investigaciones internacionales recientes advierten que el crecimiento acelerado de la industria espacial trae consigo efectos ambientales que hasta hace poco eran considerados menores.
El aumento de lanzamientos y reentradas de cohetes, así como la elección de ciertos tipos de combustibles, podría afectar la recuperación del ozono lograda en las últimas décadas tras la prohibición de los clorofluorocarbonos. El crecimiento del sector espacial y sus emisiones: tendencias y advertenciasLa capa de ozono actúa como un escudo delgado que protege al planeta de los rayos ultravioleta (UV) del sol, lo que ayuda a preservar la vida en la Tierra. Cuando esta barrera se debilita, el aumento de radiación puede provocar cáncer de piel, enfermedades oculares y afectar gravemente a animales, plantas y microorganismos.
Los detalles
Gracias a acuerdos internacionales como el Protocolo de Montreal, se logró reducir en casi un 99% el uso de sustancias que destruyen el ozono, lo que permitió que la capa comenzara a recuperarse y evitó millones de casos de cáncer de piel en todo el mundo. Además, la protección del ozono ha contribuido a frenar el cambio climático, al evitar la emisión de miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Según un estudio publicado en Earth’s Future, la industria espacial enfrenta un crecimiento sin precedentes.
En los próximos años, cerca de 10. 000 naves están programadas para lanzarse a la órbita baja de la Tierra con fines tan diversos como la vigilancia global, el turismo espacial y la provisión de servicios de internet. Este aumento de lanzamientos supone una emisión creciente de contaminantes a todas las capas de la atmósfera.
La investigación desarrolló un inventario global de emisiones espaciales para el año 2022. Según estos autores, los motores de cohetes y la quema de satélites y restos que reentran en la atmósfera liberan una variedad de contaminantes, muchos de los cuales alcanzan altitudes donde pueden afectar directamente la capa de ozono. Los lanzamientos espaciales provocan cada año una reducción global del ozono equivalente a 85,6 miliunidades Dobson, una medida que permite cuantificar el adelgazamiento de la capa de ozono.
Qué dicen los expertos
Además, los autores advierten que estas actividades generan un efecto adicional que favorece el calentamiento global, conocido como forzamiento radiativo neto. El informe detalla que el 87,7% de la destrucción del ozono se origina en las emisiones de óxidos de nitrógeno producidos durante la reentrada de objetos espaciales. Además, se observa que los gases que salen de los cohetes durante el lanzamiento sufren cambios químicos en el aire.
Esto hacen que, al final, la contaminación que llega a la atmósfera sea un poco menor de lo esperado. Por eso, la destrucción de la capa de ozono disminuye en un 17% y el efecto de calentamiento global baja en casi un 30% respecto a lo que se pensaba. El trabajo destaca que, para entender bien el impacto de los viajes espaciales en el ambiente, es necesario analizar tanto lo que sucede cuando los cohetes reingresan como los cambios que experimentan los gases al salir del motor.
Tipos de combustibles y su relación con la destrucción del ozonoEl tipo de combustible empleado en los cohetes resulta determinante en el nivel de daño ambiental asociado a cada lanzamiento. Según el estudio, los cohetes que usan combustibles sólidos, como el utilizado en la reciente misión Artemis II, son los que más dañan la capa de ozono en relación a la cantidad de carga que llevan. La razón principal es que estos combustibles sólidos liberan sustancias con cloro y pequeñas partículas al ser quemados que destruyen el ozono de manera más rápida, especialmente en las zonas cercanas a los polos.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





