
El incendio terminó pero los residentes de Boyle Heights se enfrentan a otro problema: el olor a carne podrida
El incendio en un almacén frigorífico operado por Lineage en Los Ángeles dejó una consecuencia que persiste más de una semana después de apagadas las llamas: 85 millones de libras (más de 38 millones de kilogramos) de...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El incendio en un almacén frigorífico operado por Lineage en Los Ángeles dejó una consecuencia que persiste más de una semana después de apagadas las llamas: 85 millones de libras (más de 38 millones de kilogramos) de alimentos en descomposición emiten un olor que obliga a vecinos de Boyle Heights a permanecer puertas adentro y cubrirse con pañuelos, informaron The New York Times, Los Angeles Times y The Guardian. Las autoridades ordenaron retirar toda la comida podrida en 45 días por los riesgos sanitarios y ambientales. La empresa inició la retirada de residuos y adoptó medidas sanitarias, pero residentes y activistas insisten en el mal olor, las dudas sobre la seguridad y el rechazo a la reapertura de la instalación.
Los vecinos pasaron del humo tóxico al hedor de comida podridaEl fuego comenzó el 17 de junio en la azotea de un enorme almacén refrigerado y consumió durante días una estructura que ocupa una manzana completa. Cuando las llamas empezaron a ceder, el problema cambió de forma: el humo dejó lugar al olor de los alimentos sin refrigeración y al agua sucia que escapaba del predio, mezclada con escombros y espuma de aislamiento quemada, según Los Angeles Times y The Guardian. Así, la vida diaria alrededor del almacén quedó alterada por el olor, cuya intensidad cambia con el viento y la cercanía al edificio.
Los detalles
Algunos vecinos dijeron que el hedor se impregna en la ropa y en las mascarillas, y que ahora limitan el tiempo al aire libre después de pasar días encerrados por el humo, precisó The New York Times. Kelvin Vásquez vive a una cuadra del edificio y relató a The Guardian que desde el inicio de la emergencia padeció dolor de garganta, cefaleas, mareos persistentes y náuseas. Sobre el hedor, resumió: “Es prácticamente como un cadáver.
Como un animal muerto”. Incluso, René López, vecino que vive a dos casas del almacén, afirmó a The New York Times que tuvo que cambiar sus planes del 4 de julio: “No puedo hacer carne asada por el olor. Por su parte, Jaime Ramírez dijo a Los Angeles Times que llevaba una mascarilla por temor al fuego, pero que ahora la usa por el olor.
Otros vecinos consultados por ese medio también expresaron temor a que la comida rancia atraiga ratas y agrave los riesgos en la zona. La limpieza avanza entre dudas sobre su alcance y ejecuciónEn los días posteriores al incendio, las autoridades manifestaron preocupación ante la posibilidad de que los alimentos sin refrigeración se descompusieran hasta generar un riesgo biológico. Con el paso de las horas, la temperatura se estabilizó y la amenaza se descartó, reportó Los Angeles Times.
Qué dicen los expertos
El jefe de bomberos Jaime E. Moore declaró que el propietario y el arrendatario serán los responsables de retirar los escombros y mitigar algunos de los efectos del incendio y sus consecuencias. Asimismo, deberán buscar maneras de reducir la cantidad de escombros que salen del almacén y el olor que emite la comida en descomposición.
En un comunicado, Lineage estimó que había aproximadamente 5. 000 camiones cargados de comida podrida que debían retirarse del interior. Sin embargo, no está claro cuánto tiempo tomaría hacerlo.
Por consiguiente, la alcaldesa Karen Bass ordenó a la compañía retirar toda la comida podrida del lugar en un plazo de 45 días. Hasta el miércoles, se retiraron 75 cargas de camión de residuos desde que comenzaron los trabajos. Los residuos alimentarios se rocían con desodorizante antes del transporte y se utilizan nebulizadores para intentar contener el olor, detalló The New York Times.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




