
El recorrido del hambre por el organismo: las claves prácticas para sentir más saciedad
El sistema del apetito no depende de una sola señal de hambre, sino de la interacción entre cerebro, intestino, hormonas, microbios, emociones y entorno, según explicó la doctora Federica Amati en un artículo de...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El sistema del apetito no depende de una sola señal de hambre, sino de la interacción entre cerebro, intestino, hormonas, microbios, emociones y entorno, según explicó la doctora Federica Amati en un artículo de Vogue. El apetito funciona en cuatro fases: anticipación sensorial, paso por el estómago, respuesta hormonal en el intestino delgado y prolongación de la saciedad en el colon. Según el medio citado, entender ese proceso y ajustar hábitos como la preparación de la comida, la elección de alimentos con proteína y fibra, los horarios regulares y la reducción de estímulos externos puede ayudar a sentirse lleno durante más tiempo.
Amati también afirmó que algunos cambios previos al uso de medicamentos GLP-1 empiezan a dar resultados tras tres semanas. Asimismo, señaló que el hambre no debe entenderse como una señal única que se controla o se ignora. Según recogió el medio citado, se trata de una conversación compleja entre varios sistemas del cuerpo y factores externos.
Los detalles
La especialista añadió que muchos pacientes llegan a consulta para pedir fármacos agonistas del receptor del GLP-1. También indicó que, en muchos casos, los cambios que pide antes de iniciar ese tratamiento empiezan a dar parte de los resultados buscados tras tres semanas. Amati presenta además su libro como una guía práctica para personas que ya usan estos medicamentos sin apoyo médico.
Según dijo, esa situación afecta a cerca del 95% de los usuarios. Cómo funciona el sistema del apetitoLa primera fase empieza antes de comer, cuando la persona piensa en la comida, la ve, la huele o la manipula. Amati explicó que en ese momento el cerebro prepara la ingesta, activa la salivación, aumenta los jugos gástricos y dispone al páncreas para liberar insulina.
La segunda fase ocurre en el estómago, donde los receptores de distensión envían señales al cerebro. Ese proceso reduce la producción de grelina, la principal hormona del hambre, y con ello empieza a bajar la sensación de apetito. La tercera fase se desarrolla en el intestino delgado, donde células enteroendocrinas detectan los nutrientes y liberan hormonas como GLP-1 y PYY.
Qué dicen los expertos
Activadas por proteína, grasa y carbohidratos, estas sustancias frenan el avance de la comida por el aparato digestivo, ayudan a regular el azúcar en sangre y avisan al cerebro de que ya hubo suficiente ingesta. La cuarta etapa transcurre en el colon y puede extender la saciedad mucho después de la comida. Según escribió Amati y recogió Vogue, los componentes no digeridos, sobre todo la fibra alimentaria, llegan al intestino grueso, donde la microbiota intestinal produce ácidos grasos de cadena corta que sostienen la comunicación entre intestino y cerebro.
Esos ácidos grasos de cadena corta también ayudan a mantener la sensación de plenitud durante horas después de comer. Además, estimulan a las células enteroendocrinas para que sigan liberando GLP-1 y PYY. Qué alimentos favorecen la saciedadA partir de ese mecanismo, Amati recomienda comidas equilibradas y ricas en nutrientes, con proteína, grasas saludables, carbohidratos complejos y fibra.
La especialista subrayó que la comida debe tener suficiente estructura y fibra para llegar a la parte distal del intestino delgado y al colon. Ese criterio marca una diferencia frente a los batidos sustitutivos de comidas o una bolsa de papas fritas. Amati los describió como opciones pobres en nutrientes y con poco residuo útil cuando alcanzan la segunda mitad del intestino delgado.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





