
El síndrome del pánico al triunfo sepulta el gesto de Borja Jiménez en Las Ventas
Corrida InmemoriamEl síndrome del pánico al triunfo sepulta el gesto de Borja Jiménez en Las VentasEl torero de Espartinas sólo pincha los toros de Puerta Grande en una encerrona marcada por la ansiedad y tres...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Corrida InmemoriamEl síndrome del pánico al triunfo sepulta el gesto de Borja Jiménez en Las VentasEl torero de Espartinas sólo pincha los toros de Puerta Grande en una encerrona marcada por la ansiedad y tres devoluciones Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarAlberto SimónZabala de la Serna MadridMadridSEGUIR AUTORActualizado Domingo, 7 junio 2026 - 22:24Feria de San Isidro Román se encuentra con el Papa y habla con Dios en Las Ventas El gesto de Borja Jiménez en la Corrida In Memoriam acabó sepultado por el síndrome del pánico al triunfo, ese terror atenazante para pinchar las faenas que le llevaban a él. Los únicos toros que marró con la espada fueron los de la gloria. Un sinfín de circunstancias adversas se dieron, es cierto.
Pero tampoco ayudó la mala cabeza, salir tan atacado, acelerado, quemando las naves. Mucha ansiedad también en las circunstancias favorables. Jiménez no se imbuyó de templanza hasta que no apareció el sobrero de El Torero, un superclase.
Los detalles
Y esto sucedió en el penúltimo turno, con la loable fortaleza mental para aguantar todo lo adverso pero no con la lucidez para haber encauzado mucho antes la tarde. Incluso en los albores. Fue siempre a contrarreloj.
Borja Jiménez se postró a porta gayola ya en el primero como si no hubiera más toros ni hubiera mañana. Escapó de milagro de la cornada, tan pronto, después de un cuerpo a tierra in extremis para evitar la bala. Pasó el toro recto como un obús y se revolvió como rayo: Borja alcanzó la trinchera del callejón con la muerte en los talones.
Regresó al ruedo para pegarle un farol de rodillas y, finalmente, tres verónicas y una media allí en el "9". El galope templado del toro de Domingo Hernández era todo lo contrario a las prisas que traía BJ; la calidad latía en su forma de colocar la cara. Brindó a Julián Guerra, su apoderado, el ideólogo, en un largo parlamento.
Qué dicen los expertos
Fue para lo único que el torero de Espartinas se tomó su tiempo. A continuación todo fue muy seguido y rápido. Un buen principio de faena -dos trincheras, el pase de la firma, otro del desdén-; dos buenas series de derechazos; una notable de naturales...
Y el buen toro, que pedía lo opuesto a las velocidad, se afligió a la salida de los naturales y se echó. Ya no sería nunca más el mismo y aquello cayó a plomo. Una estocada baja, una ovación.
Quedaba mucha corrida. Pero Borja Jiménez siguió atacadísimo. Saltó un toro cinqueño de Toros de Cortés imponente, serio y hondo, haciendo cosas que, aun con el poder preciso, podían llevarle al paraíso.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





