
El tabaquismo multiplica el riesgo de ceguera por daño irreversible en la retina, explican los expertos
El consumo de cigarrillos se ha consolidado como una de las prácticas más perjudiciales para la salud pública en todo el mundo. A pesar de la difusión de sus riesgos y los avances en campañas de prevención, millones de...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: El consumo de cigarrillos se ha consolidado como una de las prácticas más perjudiciales para la salud pública en todo el mundo. A pesar de la difusión de sus riesgos y los avances en campañas de prevención, millones de personas continúan fumando, enfrentando grandes dificultades para abandonar este hábito. La adicción a la nicotina y la presión social suelen ser obstáculos para abandonar el hábito, incluso sabiendo que sus efectos nocivos se acumulan con el paso de los años.
El cigarrillo y los efectos en la salud ocularFumar puede dañar de forma irreversible la retina, la mácula y el cristalino, y elevar el riesgo de pérdida de visión e incluso ceguera. Según la Administración estadounidense de Alimentos y Drogas, entre las principales consecuencias figuran las cataratas y la degeneración macular asociada a la edad. En declaraciones recogidas por Verywell Health, el cirujano oftalmólogo Gregg Feinerman advirtió que parte del daño puede persistir incluso tras dejar el tabaco.
Los detalles
Según esa publicación, la membrana basal de la retina puede seguir dañada y los vasos muy finos permanecer contraídos, lo que favorece la acumulación de desechos y una peor evolución de la degeneración macular asociada a la edad. Las enfermedades oculares más vinculadas al tabaquismoLos cigarrillos introducen en el organismo una compleja mezcla de sustancias químicas tóxicas que afectan directamente a los tejidos oculares. Estas sustancias se distribuyen por el torrente sanguíneo y alcanzan áreas sensibles como la retina, el cristalino y la mácula, fundamentales para una visión clara, indica un estudio.
La Administración estadounidense de Alimentos y Drogas coincide en que el tabaquismo genera estrés oxidativo e inflamación en los ojos, desencadenando procesos degenerativos y alteraciones en la función visual. Una investigación publicada en Cureus en 2023 explica que las toxinas presentes en el humo del cigarrillo dañan las células oculares al reducir el flujo sanguíneo y aumentar el riesgo de formación de trombos en los capilares oculares, lo que puede derivar en enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad, las cataratas y el glaucoma. Gregg Feinerman, citado por Verywell Health, señala que incluso después de dejar de fumar, los vasos sanguíneos de la retina permanecen afectados y las estructuras oculares siguen expuestas a la acumulación de productos de desecho.
Fumar también eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca, lo que puede restringir los pequeños vasos sanguíneos del ojo y favorecer daños en el nervio óptico. Esta acción incrementa el riesgo de padecer enfermedades que afectan la visión central y periférica, y puede causar pérdida irreversible de la vista. Según la revisión de Cureus, los mecanismos de daño incluyen tanto el estrés oxidativo como la alteración de la película lagrimal, lo que facilita la aparición de síndrome de ojo seco y molestias oculares persistentes.
Qué dicen los expertos
Qué señales puede provocar en la vistaLas enfermedades oculares vinculadas al tabaquismo pueden manifestarse a través de señales y síntomas que, en ocasiones, pasan inadvertidos en sus etapas iniciales. Según la Administración estadounidense de Alimentos y Drogas, fumar incrementa de dos a tres veces la probabilidad de desarrollar cataratas, y hasta cuadruplica el riesgo de sufrir degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Ambas afecciones presentan síntomas característicos que alertan sobre el deterioro visual.
Entre las señales más comunes se destacan la visión nublada o borrosa, dificultad para distinguir colores que parecen descoloridos, sensibilidad a la luz, problemas para ver de noche y, en algunos casos, visión doble. Estas alteraciones progresan lentamente, por lo que es habitual que las personas no noten cambios drásticos al principio, retrasando la consulta médica. En el caso de la DMAE, los síntomas suelen incluir pérdida de la visión central, aparición de áreas borrosas u onduladas en el campo visual y mayor dificultad para reconocer rostros o realizar tareas que requieren ver detalles de frente.
Las personas afectadas pueden notar la necesidad de más luz para leer o trabajar, y percibir líneas rectas como onduladas, lo que impacta directamente en la calidad de vida y la autonomía. El síndrome de ojo seco, otra consecuencia del tabaquismo documentada en la revisión de Cureus, se manifiesta como sensación de ardor, enrojecimiento ocular, picazón, sensibilidad a la luz y visión borrosa intermitente. Estas molestias pueden evolucionar hacia complicaciones como abrasiones o úlceras corneales si no se tratan adecuadamente.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





