
Fui al club Vega dispuesta a criticar y con la escopeta cargada
Crónicas de PaganiniFui al club Vega dispuesta a criticar y con la escopeta cargadaYa saben que Íñigo Onieva ha abierto un club. Les cuento cómo se come en la parte no vedada. Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Crónicas de PaganiniFui al club Vega dispuesta a criticar y con la escopeta cargadaYa saben que Íñigo Onieva ha abierto un club. Les cuento cómo se come en la parte no vedada. Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 1 comentarioEmilia LandaluceSEGUIR AUTORAActualizado Viernes, 10 julio 2026 - 02:59Tenía yo la escopeta cargada para ir a Vega, el club del que Íñigo Onieva es cabeza visible y que nos metió en ciertos líos a nuestro LOC por una serie de declaraciones ligeras que la gente se tomó muy en serio.
(Además ese día estaba dando una conferencia sobre Julián Besteiro en Orense). Por otro lado, comer es una de esas materias en las que una puede confiar en Tamara Falcó. (Claro, las dos hemos sufrido el calvario de la madre exigente y delgada).
Los detalles
Por eso acepté a regañadientes la invitación de un socio para comer y charlar de uno de esos asuntos por los que ustedes leen EL MUNDO cada sábado. Vega está en Lagasca, 88, en lo que antes era la tienda de Elena Benarroch, que era un espacio muy bonito y agradable, que han reformado para adaptarlo a la estética de club que requiere noches de diversión, muchachos de axilas como cálices y esas chavalas guapetonas cuya juventud da más ganas de vivir. Me hicieron un pequeño tour por la parte reservada a los socios e intuí las posibilidades de las noches de cachondeo y tardes de negocios que pueden darse.
Pero como yo era recién llegada y del club de un solo miembro (¿qué se hace con dos rabos? ), mi anfitrión decidió que comer en el restaurante abierto de Vega era la mejor opción. ¿Y qué les voy a decir?
Había muchas negritas del detective, gentes importantes y buen ambiente. Claro que era uno de esos días de primavera en los que da asco morirse. Como soy una vaga, dejé que mi anfitrión pidiera por mí.
Qué dicen los expertos
Nos tomamos una gilda del tamaño ideal (de esas que caben en la boca) que costaba 6,50 euros por cabeza. Después nos recomendaron un tomate aliñado con la insistencia del Qüenco de Pepa. Estaba fuera de carta, así que no sé lo que costó.
Para terminar pecamos con una recomendación del cocinero, formado en Totó: los 'paccheri alla genovese', receta que nunca había probado y que al parecer consiste en «una montaña de cebolla fundida durante horas con carne de ternera». Y nos tomamos tres copas del champán que mi anfitrión tenía en la despensita de vinos que cada socio puede reservarse. De postre, un helado de chocolate.
Por lo que veo en los precios de la carta, sin vino no debió de salir por más de 50 euros. Al día siguiente me fui a Puglia una semana. No volví a tomar una pasta como aquellos paccheri.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





