
La Coca Sarli y los mitos detrás de su leyenda: de la frase que nunca dijo al desnudo que filmó engañada
“Chupe, chupe, que es trabajo”, dice la frase que durante años se le adjudicó a Isabel Sarli. Según la leyenda urbana, la icónica actriz le habría dado esta indicación a Romualdo Quiroga durante el rodaje de la película...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. “Chupe, chupe, que es trabajo”, dice la frase que durante años se le adjudicó a Isabel Sarli. Según la leyenda urbana, la icónica actriz le habría dado esta indicación a Romualdo Quiroga durante el rodaje de la película Carne, con dirección de Armando Bo, que se estrenó en 1968. Y la realidad es que, sabiendo lo rupturista que había sido ella al dedicarse al cine erótico en tiempos en los que el sexo era tildado de pecaminoso, en especial para las mujeres, nadie se puso a dudar de la veracidad de la anécdota.
Sin embargo, fue la propia Coca la que se encargó de echar por tierra el mito, señalando que nada de lo que se venía repitiendo al respecto era verdad. Aunque no lo demostrara en sus trabajos, la actriz era una mujer muy tímida. Había nacido como Hilda Isabel Gorrindo Sarli en Concordia, Entre Ríos, el 9 de julio de 1929.
Los detalles
Y su infancia no había sido nada fácil. Su padre la abandonó y su hermano murió con apenas 5 años. Así que su madre, María Elena, decidió mudarse con ella a Buenos Aires para tratar de buscar una vida mejor para las dos.
Gracias a eso, la Coca pudo terminar el secundario y estudiar dactilografía e inglés, todo lo que necesitaba como para poder conseguir un trabajo de secretaria. Es decir, un empleo que le permitiera mantenerse de una manera “digna”. Pero el destino le tenía preparado un futuro totalmente diferente.
Para poder independizarse, en 1953 se casó con Ralph Heinlein. La única manera que encontraban por entonces las mujeres para dejar el hogar familiar. Pero al año, y desafiando todos los prejuicios de la época, se separó.
Qué dicen los expertos
Entonces, aprovechando sus condiciones físicas, comenzó a trabajar como modelo publicitaria. Y, en 1955, se consagró como Miss Argentina y recibió el llamado del por entonces presidente Juan Domingo Perón, diciendo quería conocerla. Según ella, el general le “tiró los galgos” y le dijo que valía “por miles de embajadores de la paz”, pero solo consiguió de ella su apoyo político.
Por el contrario, Bo logró todo de ella. Y fue quien la hizo desembarcar en la pantalla grande de una manera que ella nunca antes hubiera imaginado. El director, que se convirtió en el único y gran amor de su vida, la animó a incursionar en un género que no era visto con buenos ojos.
De hecho, otros de los mitos que giran en torno a la protagonista de una treintena de films como Fuego y Fiebre, señala que para poder encarar las escenas más comprometidas, La Coca necesitaba embriagarse. Y que era el mismísimo Armando el que le suministraba un vaso de whisky, a veces mezclado con bebida cola, antes de cada desnudo. Así, la actriz que se mareaba muy rápido, lograba desinhibirse para entregarse a las indicaciones de su mentor.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





