
La doble vida del vecino ejemplar que asesinó a diez mujeres y firmaba sus confesiones con las iniciales de “atar, torturar y matar”
Durante más de tres décadas, el rostro de BTK fue un misterio. Nadie sabía quién era aquel hombre que irrumpía en viviendas, inmovilizaba a sus víctimas, las torturaba y finalmente las asesinaba con una frialdad...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Durante más de tres décadas, el rostro de BTK fue un misterio. Nadie sabía quién era aquel hombre que irrumpía en viviendas, inmovilizaba a sus víctimas, las torturaba y finalmente las asesinaba con una frialdad estremecedora. La Policía de Wichita, en Kansas, recibió durante años cartas desafiantes escritas por el propio homicida, que disfrutaba viendo cómo la investigación avanzaba sin conseguir atraparlo.
Mientras los medios hablaban del monstruo más buscado del estado, él llevaba a sus hijos a la escuela, asistía puntualmente a la iglesia, trabajaba para el municipio y saludaba cordialmente a sus vecinos. Su nombre era Dennis Rader, y cuando finalmente fue descubierto no negó nada. El 27 de junio de 2005 compareció ante un tribunal del condado de Sedgwick y, con una tranquilidad que dejó atónitos incluso a los presentes, se declaró culpable de diez asesinatos cometidos entre 1974 y 1991.
Los detalles
Lo hizo describiendo cada crimen con el tono de quien enumera tareas cotidianas. Aquella confesión puso fin a uno de los capítulos más oscuros de la historia criminal de Estados Unidos. Dennis Lynn Rader nació el 9 de marzo de 1945 en la ciudad de Pittsburg, Kansas, aunque creció en Wichita.
Era el mayor de cuatro hermanos dentro de una familia trabajadora que, según quienes la conocieron, llevaba una vida completamente normal. Su padre era empleado de una empresa eléctrica y su madre se dedicaba al hogar. Nunca trascendieron episodios de violencia extrema o abusos que permitieran explicar por sí solos la personalidad que desarrollaría años después.
Fascinación por el sufrimiento ajenoCon el tiempo, sin embargo, Rader reconocería que desde muy pequeño experimentaba fantasías relacionadas con el control, la dominación y el sufrimiento ajeno. Contó que esas imágenes comenzaron cuando apenas era un niño y que se alimentaban leyendo revistas policiales y noticias sobre asesinatos. También admitió que disfrutaba espiando mujeres y que desarrolló tempranamente una fijación por atarlas, inmovilizarlas y someterlas.
Qué dicen los expertos
Décadas más tarde, los especialistas interpretarían esas confesiones como los primeros indicios de un trastorno sexual de tipo sádico que fue creciendo sin recibir tratamiento. Después de terminar la secundaria ingresó brevemente a la universidad, aunque abandonó los estudios. Entre 1966 y 1970 sirvió en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y fue destinado a distintas bases, incluso en el extranjero.
Sus compañeros de entonces lo recordaban como un hombre reservado, disciplinado y poco sociable, características que volverían a repetirse a lo largo de toda su vida. Al regresar a Wichita se casó con Paula Dietz. La pareja tuvo dos hijos y, desde afuera, parecía la imagen de una familia estadounidense tradicional.
Rader consiguió distintos empleos hasta ingresar a una empresa de seguridad que instalaba alarmas domiciliarias. Paradójicamente, recorría casas enseñando cómo protegerlas de los delincuentes mientras por las noches imaginaba la forma de ingresar en ellas para matar. Fue precisamente en esa época cuando decidió que había llegado el momento de convertir sus fantasías en realidad.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





