
La última conspiración para matar a Hitler: un coronel, el estallido de una bomba en una reunión privada y un maletín bajo la mesa
“Aquí fue. Aquí, junto a esta mesa, estaba yo de pie. Así me hallaba, con el brazo derecho apoyado en la mesa, mirando el mapa, cuando de pronto el tablero de la mesa fue lanzado contra mí y me empujó hacia arriba el...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Aquí, junto a esta mesa, estaba yo de pie. Así me hallaba, con el brazo derecho apoyado en la mesa, mirando el mapa, cuando de pronto el tablero de la mesa fue lanzado contra mí y me empujó hacia arriba el brazo derecho. Aquí, a mis propios pies, estalló la bomba… Después de librarme hoy de este peligro de muerte tan inmediato, estoy más convencido que nunca que mi destino consiste en llevar a cabo felizmente nuestra gran causa común”, le contó, señalando la sala destruida, Adolf Hitler a Benito Mussolini en la Guarida del Lobo la tarde del 20 de julio de 1944.
Matar al führer parecía una misión imposible. Hacía apenas unas horas que había salvado, una vez más, su vida. Desde su llegada al poder en 1933 el líder nazi había escapado a decenas de complots y atentados.
Los detalles
El último databa del 13 de marzo de 1943, cuando un grupo de conspiradores trató de hacer estallar en pleno vuelo el avión que lo llevaba a hacer una inspección de tropas. Subieron el explosivo en una caja que supuestamente llevaba dos botellas de cointreau, pero el mecanismo de la bomba falló. Ahora la bomba había estallado, pero su Hitler se había salvado una vez más.
Para 1944, el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial había dado un vuelco dramático que podía medirse en los territorios europeos ocupados que, paso a paso, el Reich que debía durar mil años iba perdiendo. Desde hacía tiempo, algunos de los altos mandos del ejército alemán estaban convencidos de que la única manera de evitar la destrucción total de Alemania era sacar a Hitler del medio. Había que intentarlo una vez más.
El proyecto de los complotados era matar al dictador para tomar el poder, construir una “democracia a la alemana”, y hacer una propuesta de paz a los Aliados. Sabían también que tenían muy poco tiempo para hacerlo, porque si la guerra se prolongaba no tendrían nada para ofrecer en una negociación y deberían rendirse sin poder negociar las condiciones. Les quedaba poco tiempo y no podían fallar.
Qué dicen los expertos
Los conspiradores sabían que sin la muerte de Hitler cualquier intento de tomar el poder estaba condenado al fracaso. Una vez muerto el dictador, los militares buscarían el apoyo de la sociedad civil para formar un gobierno que encarara las negociaciones para una salida pactada de la guerra. Por eso, el coronel Claus Philipp Maria Justinian Schenk Graf von Stauffenberg, adscripto al Estado Mayor de Hitler, decidió tomar el asunto en sus propias manos.
Era un héroe de guerra, pero también un opositor acérrimo al régimen nazi. El héroe antinaziEra un hombre que había llegado al Estado Mayor del ejército alemán después de haberse desempeñado valerosamente en el frente de batalla. Nacido el 15 de noviembre de 1907 en el castillo de su tío, el conde Berthold von Stauffenberg, en Jettingen, en Baviera, Claus era el hijo menor del matrimonio del conde Alfred Schenk von Stauffenberg y la condesa Caroline von Üxküll-Gyllenband.
Estudió en Stuttgart y se unió al ejército alemán en 1926, a los 18 años. Aunque no se opuso a la llegada de los nazis al poder en 1933, empezó a despreciarlos en 1938, después de la Noche de los Cristales Rotos, cuando vio las atrocidades que cometían contra los judíos. En este rechazo influyó su cuñada, la aviadora Melitta Schenk Gräfin von Stauffenberg, que era de ascendencia judía y estuvo a punto de ser internada en un campo de concentración.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




