
La temporada final de ‘The Bear’ es más dulce de lo que se esperaba
“Esta organización ha optado por la estabilización”, dice Richie (Ebon Moss-Bachrach) en el episodio inicial de la temporada final de The Bear, mientras el restaurante titular se prepara para un día de servicio...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. “Esta organización ha optado por la estabilización”, dice Richie (Ebon Moss-Bachrach) en el episodio inicial de la temporada final de The Bear, mientras el restaurante titular se prepara para un día de servicio decisivo. “Y creo que debemos optar por la maximización”. Admiro el vocabulario de Richie.
(El Oxford English Dictionary confirma que “maximización” es una palabra, aunque rara). Pero, en lo que respecta a la serie The Bear, últimamente la maximización ha sido exactamente el problema. Tras una primera temporada reveladora y una segunda gloriosa, la serie se sobrecargó con desvíos, florituras y digresiones, estirando historias delgadas hasta el punto de quiebre.
Los detalles
La temporada final ha optado —¿la llamamos minimización? Al igual que el restaurante, escaso de suministros en medio de una tormenta épica en Chicago, debe hacer más con menos ingredientes, la serie también está en una especie de dieta narrativa. La acción transcurre —mayormente— a lo largo de un solo día.
No hay extensos flashbacks. No hay subtramas románticas cuestionables. Incluso los montajes musicales de rock clásico han desaparecido, reemplazados por una banda sonora sencilla o ninguna en absoluto.
Hay un solo escenario, una jornada de trabajo, un objetivo, todo y todos apuntando hacia un punto. Y, en su mayor parte, da en el clavo. Regresamos a la mañana siguiente al anuncio sorpresa de Carmy Berzatto (Jeremy Allen White) de que renunciará a ser el chef principal del restaurante titular y cederá la cocina a Sydney (Ayo Edebiri).
Qué dicen los expertos
La temporada comienza con el retumbar de truenos. El pronóstico anuncia falacia patética, ya que una línea incesante de nubes barre el área de Chicago para introducir el sturm (tormenta) literal a la habitual drang (impulsos) de la asediada cocina. The Bear tiene una última oportunidad para salvarse del fracaso, y debe hacerlo bajo las peores condiciones.
La lluvia cae a cántaros, las entregas son canceladas, las tuberías revientan y el sistema de reservas está sobrevendido con clientes que tal vez lleguen, tal vez no. Ah, y parece que el esperado invitado, un crítico de la guía Michelin, probablemente visitará esa noche. El equipo debe hacer más que nunca, con menos.
The Bear siempre ha sido su mejor metáfora, con los triunfos y excesos culinarios de la cocina reflejando el arco creativo de la serie misma. Los guiones han hecho referencia frecuente al principio del chef de “restar”, el equivalente al consejo de moda de Coco Chanel de mirarse al espejo y quitarse una cosa. Pero la serie, creada por Christopher Storer, no siempre había hecho esto, particularmente en la tercera y cuarta temporadas.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





