
Ley de Tierras y soberanía: que el amor a la Patria no se reduzca a festejar un gol
En estos días en que el paisaje cotidiano se viste de los colores de nuestra bandera, del amado celeste y blanco que nos identifica, sentimos el orgullo de ser argentinos. Miramos más lo común que lo propio. Nos...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. En estos días en que el paisaje cotidiano se viste de los colores de nuestra bandera, del amado celeste y blanco que nos identifica, sentimos el orgullo de ser argentinos. Miramos más lo común que lo propio. Nos abrazamos con algún desconocido ante un gol de Messi, comentamos en la calle, el trabajo, el comercio, alguna jugada, alguna magia.
Nos tornamos un poco más comunicativos, ante el sueño de lograr “la cuarta”… Es en este contexto nacional que se desarrolla este debate acerca de la soberanía de nuestro territorio, de nuestra tierra, de nuestros bienes naturales, de nuestra bella y frágil biodiversidad. Hasta ahora, con la ley vigente, existe un tope a la apropiación extranjera del 15 % jurisdiccional y de 1000 hectáreas en zonas núcleo (de alto valor productivo). A su vez, la ley actual prohíbe la titularidad o posesión extranjera de tierras que contengan o sean ribereños de cuerpos de agua que estén ubicados en zonas de seguridad de frontera.
Los detalles
El nuevo proyecto en debate abriría la puerta a una mayor concentración y extranjerización de tierras estratégicas como las vinculadas al petróleo, la minería, los glaciares, las nacientes de los ríos, etc. Ante la ilusión de futuras inversiones extranjeras, resulta imperioso reconocer que esto no implica necesariamente un verdadero desarrollo para nuestra nación. Como afirma el Papa León XIV en su reciente encíclica: “La idea de desarrollo humano integral encuentra hoy un criterio decisivo de verificación en la ecología integral, convertida en una dimensión imprescindible de la Doctrina Social de la Iglesia.
La calidad del desarrollo, de hecho, se mide por su capacidad de mantener unidos, sin separar, la justicia hacia las personas y la custodia de la Casa común, favoreciendo condiciones de vida digna, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, cuidado de la creación y atención a las generaciones futuras. De ahí se sigue que no es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después de nosotros” (MH 84). Repito lo que comunicamos los obispos hace unos días: creemos que este proyecto de ley atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos de autodeterminarse.
Así lo afirmó León XIV en la Magnifica Humanitas: “El principio del destino universal de los bienes nos recuerda sobre todo que los bienes de la tierra —el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales— han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos bienes” (MH 65). No estamos despreciando la propiedad privada. La defendemos y la cuidamos.
Qué dicen los expertos
Pero la queremos para todos y no para algunos. Abogamos y soñamos para que todos puedan tener un título en sus manos, para poder trabajar la tierra con seguridad, con respeto al ecosistema, con responsabilidad ecológica y humana, con justicia intergeneracional, como nos recuerda León en su reciente encíclica: “Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes. La tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común.
Dado que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada, su función social debe ser considerada como una doctrina cierta de la Iglesia, ya presente en las Sagradas Escrituras y en los Padres” (Magnifica Humanitas 66). No estamos contra la propiedad privada. La valoramos no como un bien absoluto, sino relativo.
A la dignidad humana. Lo que es inviolable es la dignidad de cada persona. Lo que está en juego con esta ley es el principio del destino universal de los bienes, el reconocimiento de la función social de la propiedad y la ecología integral.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





