
Luis Gonzáles de Alba: padre de los hombres gays “rudos y bigotones” en México que trajo la primera tiendita xxx, el primer bar y vio llegar al SIDA
Postrado en un camastro tomando el sol, con un espeso bigote negro a lo Mercury y un innegable atractivo masculino, Luis González de Alba posa para una de las cuántas fotografías de su juventud que se pueden ver en...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Postrado en un camastro tomando el sol, con un espeso bigote negro a lo Mercury y un innegable atractivo masculino, Luis González de Alba posa para una de las cuántas fotografías de su juventud que se pueden ver en internet. Contrasta con otras imágenes visibles en el buscador de Google, una de ellas llama la atención porque va lampiño, de mirada perdida y está rodeado por soldados, cuando fue aprendido en Tlatelolco, tras la masacre que desde entonces se conmemora cada dos de octubre. Luis González de Alba fue uno de los rostros del movimiento estudiantil que terminó en tragedia.
Sobrevivió a las balas, pero no a la represión. Fue encarcelado en Lecumberri y posteriormente liberado de forma ilegal con la condición de que se exiliara de México. En prisión escribió su obra Los días y los años (aquel texto que entró en controversia años después con Elena Poniatowska) que narraba el episodio negro de Tlatelolco, y conoció la verdadera marginación que vivían los hombres homosexuales en nuestro país.
Los detalles
No son secretos sus encuentros y desencuentros con la izquierda mexicana y el movimiento del 68, ni tampoco su forma de vivir su propia homosexualidad. Una entrevista con Proceso de finales de los noventa deja constancia de que, sin temor a enemistarse con la parte femenina de la diversidad sexual -lesbianas, travestis y mujeres transexuales-, no creía en la comunidad homogeneizada de la que hoy se habla y que se ha bautizado como LGTBTTIQ. A Luis González de Alba no le interesaba nada de eso.
Quienes le interesaban era los hombres gays, los hombres cómo él, los hombres que describió en aquella entrevista como rudos “bigotones con pantalón vaquero, botas, sombrero y camisa a cuadros”. La figura de Luis Gonzáles de Alba nunca fue cómoda, ni para la derecha de su época, ni para la izquierda de después, tampoco para los gays y las lesbianas de entonces, y, definitivamente, tampoco lo sería para la comunidad LGBTTIQ+ contemporánea. La complejidad moral que rodeó a su figura desde el principio lo convierte en un avatar imposible de recordar desde un punto de vista maniqueo.
Fue incómodo para algunos y para otros, y lo sigue siendo para unos y para otros. Fiel a sí mismo hasta el final, no vivió su vida con la finalidad de que lo consideraran un abanderado de ninguna causa social (de hecho, no le gustaba que lo consideraran así. En su entrevista con Proceso dijo textualmente: “Yo nunca he querido abanderar nada.
Qué dicen los expertos
”), ni para volverse ejemplo de nada. Él simplemente vivió, y como quiso. Pero es innegable que, sin quererse llamar activista ni abanderado, hizo bastante por la comunidad de hombres homosexuales en México.
Cursó la prepa en Guadalajara y luego llegó a la Ciudad de México para estudiar Psicología en la UNAM (su verdadera pasión eran la física, pero un mal maestro le hizo creer que no servía para las matemáticas). Fue en la universidad donde se involucró en los movimientos estudiantiles, entre ellos el activismo por las personas homosexuales. Se juntó con otros famosos íconos LGBT como Nancy Cárdenas (después también se separó de ella y de sus ideas), pero su verdadera aportación para los hombres gays se dio después del infierno, y después del exilio, cuando tras recorrer Chile y otras partes del mundo, volvió a la Ciudad de México y después se fue a a París para su año sabático.
Muy seguramente, las discotecas gays de Europa sonaban con Let’s Dance de David Bowie. Madonna todavía estaba en Nueva York picando piedra. Luis Gonzáles de Alba estaba en París cuando recibió la visita de su pareja, el actor Ernesto Bañuelos, quien se había quedado en México y con tenía ya un par de años de relación.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





