
“Nunca imaginé que unos pocos mensajes podían cambiarlo todo”
La tarde previa a que estallara el quilombo, una amiga me preguntó cómo estábamos con Andrés. “Mejor, imposible”, respondí, y en ese momento era verdad.Me sentía feliz por compartir la vida con él. Nos respetábamos, nos...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La tarde previa a que estallara el quilombo, una amiga me preguntó cómo estábamos con Andrés. “Mejor, imposible”, respondí, y en ese momento era verdad. Me sentía feliz por compartir la vida con él.
Nos respetábamos, nos adorábamos, teníamos una familia hermosa, compañerismo, buen sexo… ¿Qué más podíamos pedir? Y sin embargo aquella verdad se volvió obsoleta veinticuatro horas después. No porque Andrés hubiera hecho algo, sino porque un rayo me partió al medio.
Los detalles
Bastaron unos pocos mensajitos para que una amistad de años se transformara de golpe en un amor posible que yo no buscaba. Lo sentí en todo mi cuerpo. Esa mera posibilidad lo cambió todo.
Después de esos mensajes, que en apariencia eran inofensivos pero habían abierto las puertas del paraíso y del infierno, no pude volver a casa de inmediato. ¿Cómo iba a mirar a los ojos a mi esposo? Aunque no había pasado nada concreto con mi amigo, aquel chat dejaba entrever que a los dos nos encantaba el otro, que el amor era posible.
Me sentía una traidora. Intenté ir a un shopping a despejarme pero no funcionó. Fui a una confitería y pedí un té de tilo que tampoco sirvió de nada.
Qué dicen los expertos
Había caído la primera ficha de un largo dominó y ya no podía pararlo. Cuando me llegó un mensaje de mi marido me sentí expuesta, como cuando Dios llamó a Adán, que ya había comido la manzana prohibida. Sabía que estaba haciendo algo malo.
Le contesté como pude, deseando estar soltera y sin hijos para poder entregarme a un nuevo amor sin preocuparme por nada. Pero llevaba doce años de casada y tenía dos hijas hermosas. Tuve la íntima certeza de que mi vida, tal como la conocía hasta entonces, había cambiado para siempre.
Que no había vuelta atrás, que ya nada sería lo mismo. ¿Cómo era posible que unos pocos mensajes con mi amigo, en los que no había funcionado nuestro autocontrol habitual, generara semejante crisis? ¿O la crisis venía construyéndose silenciosamente hacía mucho tiempo sin que yo fuera consciente?
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




