
Peces en arrozales: cómo un experimento reveló una nueva forma de combatir una enfermedad que afecta a 220 millones
La esquistosomiasis en arrozales podría frenarse con una técnica agrícola aplicada en Senegal: introducir peces autóctonos en los campos redujo los caracoles que transmiten el parásito y elevó en más del 25% el...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. La esquistosomiasis en arrozales podría frenarse con una técnica agrícola aplicada en Senegal: introducir peces autóctonos en los campos redujo los caracoles que transmiten el parásito y elevó en más del 25% el rendimiento del arroz, según una investigación difundida por la Universidad de Stanford y publicada en Nature Sustainability. El cultivo conjunto de arroz y peces puede ayudar a contener la esquistosomiasis en zonas arroceras porque las especies autóctonas incorporadas a los campos controlan de forma natural los caracoles de agua dulce que propagan el parásito. Según la Universidad de Stanford, esta intervención también ofreció ingresos potenciales por la venta de pescado y podría reducir la incidencia de la enfermedad y la pobreza en la cuenca norte del río Senegal.
La condición sigue entre las enfermedades tropicales desatendidas más extendidas del mundo pese a décadas de campañas masivas de administración de medicamentos. El texto de Nature Sustainability, citado por la Universidad de Stanford, señala que afecta a más de 220 millones de personas. El estudio en la cuenca del río SenegalLa investigación se centró en la cuenca norte del río Senegal, una zona con esquistosomiasis.
Los detalles
Allí, los autores analizaron cómo esta intervención podría reducir la enfermedad y la pobreza en comunidades rurales. Giulio De Leo, profesor de ciencias oceánicas y de sistemas terrestres en la Escuela de Sostenibilidad Doerr de Stanford y coautor del estudio, planteó el hallazgo: “Esta investigación apunta a una nueva forma de concebir la agricultura”. También sostuvo que el objetivo pasa por sistemas agrícolas “que produzcan más alimentos, mejoren la salud humana y protejan el medio ambiente” y añadió, citado por la Universidad de Stanford, que en Senegal la incorporación de peces autóctonos a los arrozales ayudó a reducir riesgos de enfermedad y elevó rendimientos e ingresos.
Por qué los arrozales son un foco de esquistosomiasis Los agricultores de arroz y sus familias afrontan un riesgo especial porque los gusanos parásitos que causan la enfermedad se propagan por caracoles de agua dulce presentes en el agua estancada de los arrozales. El tratamiento existe, pero no evita las reinfecciones. Los investigadores usaron datos de más de 400 hogares rurales de Senegal.
Con esos registros, detectaron que los hijos de agricultores de arroz presentaban una prevalencia mayor de la enfermedad que los hijos de familias no agricultoras. Ese patrón, según el estudio, apunta a una exposición más alta en los hogares vinculados al cultivo. La repetición de infecciones alimenta además un ciclo de enfermedad y pobreza.
Qué dicen los expertos
Cómo actúan los peces autóctonos en los arrozales El equipo dirigido por Jason Rohr, de la Universidad de Notre Dame, introdujo el pez lengua de hueso africano y la tilapia del Nilo en los arrozales. Son especies autóctonas que controlan de forma natural las poblaciones de caracoles al alimentarse de ellos o competir por los recursos. A partir de dos ensayos, los investigadores comprobaron que ambas especies prosperaron aun sin alimentación activa.
Los campos que reunían a las dos mostraron menos caracoles portadores del parásito que causa la forma predominante de esquistosomiasis en la región. El estudio no afirma una caída comprobada de casos en personas, pero sí indica que una menor cantidad de caracoles podría reducir el riesgo de infección para agricultores y familiares. Efectos sobre el rendimiento y los ingresosLos efectos no se limitaron al control de caracoles.
El equipo también halló que la intervención aumentó el rendimiento del arroz en más del 25% y mejoró los nutrientes del suelo en los arrozales. La cosecha de pescado abre además una posible fuente secundaria de ingresos para los agricultores. Emily Selland, autora principal del estudio y estudiante de posgrado en Notre Dame, dijo que el trabajo permite extender una técnica agrícola ya usada en otras regiones al terreno de las enfermedades infecciosas.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




