
Por qué se detuvo el aumento del coeficiente intelectual
Las primeras pruebas masivas de inteligencia tuvieron lugar durante la Primera Guerra Mundial, cuando psicólogos aplicaron test a más de un millón de soldados. Una generación más tarde, las evaluaciones realizadas...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Las primeras pruebas masivas de inteligencia tuvieron lugar durante la Primera Guerra Mundial, cuando psicólogos aplicaron test a más de un millón de soldados. Una generación más tarde, las evaluaciones realizadas durante la Segunda Guerra Mundial revelaron que los reclutas obtenían resultados sustancialmente superiores. En 1984, el investigador neozelandés James Flynn descubrió que el coeficiente intelectual de la población había aumentado de manera sorprendente en prácticamente todos los países a lo largo del siglo XX.
En Estados Unidos, el incremento observado alcanzaba los 0,5 puntos anuales en las Matrices Progresivas de Raven desde 1900, hasta el punto de que Flynn sostenía que entre padres e hijos la diferencia podía rondar los 15 puntos. Los españoles ganaron 19 puntos en apenas 28 años y los holandeses 20 puntos en tres décadas. El fenómeno se verificaba, con distintas intensidades, en casi todo el mundo desarrollado.
Los detalles
En las últimas décadas comenzó a observarse un proceso inverso. El denominado "efecto Flynn negativo" describe la disminución gradual de las puntuaciones de coeficiente intelectual registrada en varios países desarrollados, revirtiendo la tendencia histórica de crecimiento sostenido que caracterizó gran parte del siglo pasado. El consenso científico atribuye este fenómeno principalmente a factores ambientales antes que genéticos.
Entre ellos se destacan los cambios en los estilos de vida asociados al entorno digital. El uso intensivo de redes sociales y la exposición permanente a pantallas se vinculan con una menor capacidad de concentración profunda, alteraciones en el descanso, déficit de sueño y una creciente dificultad para consolidar aprendizajes, especialmente entre jóvenes de 12 a 25 años. Se trata de generaciones que ejercitan menos la memoria y dependen cada vez más de dispositivos y aplicaciones para almacenar información.
Otras explicaciones apuntan a la disminución del hábito de lectura de textos complejos, actividad que históricamente favoreció el desarrollo del pensamiento abstracto; a las deficiencias de ciertos sistemas educativos; al deterioro de los hábitos nutricionales en determinados sectores sociales; y, sobre todo, a una creciente dependencia tecnológica que externaliza procesos cognitivos básicos hacia dispositivos digitales e inteligencias artificiales. Probablemente no estemos frente a una pérdida general de capacidades mentales, sino ante una transformación en la forma de procesar la información. Algunas habilidades, como el razonamiento visual o espacial, pueden mantenerse elevadas o incluso fortalecerse, mientras que la memoria, la comprensión verbal y el pensamiento crítico parecen mostrar signos de debilitamiento.
Qué dicen los expertos
En Argentina, las investigaciones confirmaron durante décadas la existencia del efecto Flynn. Al comparar poblaciones evaluadas en 1964 con las del año 2000 se observó un incremento significativo en los puntajes de inteligencia. Sin embargo, los estudios más recientes muestran que ese crecimiento se ha detenido.
Las comparaciones entre generaciones nacidas en el nuevo milenio y los integrantes de la Generación Z indican que el aumento sostenido ha alcanzado un techo. Al igual que en otros países, el crecimiento del coeficiente intelectual parece haberse estancado. Conviene recordar que el efecto Flynn nunca implicó necesariamente un aumento de la denominada “inteligencia biológica”.
Más bien reflejaba mejoras en la escolarización, la nutrición, las condiciones de vida y la familiaridad creciente con formas abstractas de razonamiento. En el caso argentino, las recurrentes crisis socioeconómicas y las fluctuaciones en la calidad educativa constituyen variables relevantes para comprender por qué aquella tendencia ascendente dejó de manifestarse con la misma intensidad. A ello se suma el sedentarismo digital, la exposición temprana y prolongada a las pantallas y la utilización creciente de herramientas de inteligencia artificial para resolver tareas cotidianas.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




