
El césped, primera gran polémica de la final del Mundial 2026: la FIFA se ve obligada a regarlo en la primera pausa de hidratación
Final de un Mundial. La Finalissima. Aquella que España y Argentina no pudieron disputar por culpa del estallido de la guerra de Irán. Todos los ingredientes perfectamente alineados. Menos uno. Quizá no el más...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Aquella que España y Argentina no pudieron disputar por culpa del estallido de la guerra de Irán. Todos los ingredientes perfectamente alineados. Quizá no el más importante, pero sí crucial para el juego y, por tanto, para el resultado: El césped del MetLife Stadium.
El escenario elegido por la FIFA para la gran final llega bajo el foco por las numerosas críticas recibidas durante todo el torneo. De los 16 estadios de este Mundial, ocho cuentan con césped natural permanente, mientras que los otros ocho, entre ellos el MetLife, han tenido que instalar terrenos provisionales sobre la superficie artificial habitual para ajustarse a las exigencias de la FIFA. Habitual sede de los Jets y los Giants de la NFL, el recinto de Nueva Jersey sustituyó su césped artificial por uno natural instalado de forma temporal, y pese a los años de planificación y a la inversión realizada, las quejas no han desaparecido.
Los detalles
Las críticas comenzaron desde los primeros partidos y se repitieron a medida que avanzaba el torneo. El primero en alzar la voz fue Vinícius Júnior, tras el empate entre Brasil y Marruecos: “Debido al clima y al calor, el césped se seca muy rápido y el partido termina siendo muy lento. No podemos encontrar un buen ritmo.
Eso lo complica todo y altera nuestro juego. Pero tendremos que adaptarnos”, dijo. Tres días después llegaron las quejas de Didier Deschamps, tras el Francia-Senegal, que señaló que el estado del terreno “castigó mucho la musculatura de los jugadores”.
Su centrocampista, Adrien Rabiot, fue todavía más contundente: “No se le puede llamar césped. Parecía más bien una superficie artificial. Bastante duro y rígido”.
Qué dicen los expertos
El calor también entra en juegoLa final se disputa con temperaturas cercanas a los 29 grados y un ambiente muy húmedo, un contexto que vuelve a poner el foco sobre un césped que, según los propios futbolistas, pierde humedad rápidamente y modifica el comportamiento del balón. Las investigaciones muestran que la velocidad y la distancia de rodadura varían de forma notable según la superficie, algo que obliga a los futbolistas a recalcular sus movimientos sobre la marcha. En un partido que puede decidirse por detalles mínimos, esos matices pesan.
España llega además con una circunstancia particular. Durante este Mundial ha disputado la mayoría de sus partidos en estadios cubiertos (dos en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, dos en Los Ángeles y dos más en Dallas), salvo el encuentro de Guadalajara tras una tormenta que refrescó el ambiente, mientras que la final se jugará al aire libre. Una preocupación que viene de lejosEl problema no ha pillado a la FIFA por sorpresa, ni es exclusivo de este Mundial.
Ya fue motivo de debate en la Copa América de 2024 y en el Mundial de Clubes de 2025, también disputados en Estados Unidos; varios estadios recurrieron a las mismas soluciones temporales. El MetLife utiliza césped Bermuda, una variedad valorada por su resistencia al calor y a la sequía, que suele cortarse más corto por su mayor densidad. Sobre el papel, una elección lógica para el verano neoyorquino; sobre el terreno, varios jugadores consideran que la superficie acaba endureciéndose demasiado con el paso de los minutos.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.




