
¿Qué pasó con nuestras cábalas?
Ahora, que perdimos la final del Mundial contra España, vuelan reproches: ¿para qué viniste a ver el partido si nunca habías venido? ¿Por qué compraste camisetas de Argentina si nunca las habíamos usado? En redes, como...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Ahora, que perdimos la final del Mundial contra España, vuelan reproches: ¿para qué viniste a ver el partido si nunca habías venido? ¿Por qué compraste camisetas de Argentina si nunca las habíamos usado? En redes, como siempre, la cosa se puede poner más espesa y hay insultos a alguien que, en plena emoción de la semifinal, rompió el chanchito y voló a Nueva York.
De ella -es una mujer- es la culpa de que no seamos campeones. Y del que compró las camisetas, del que fue a ver ese partido con un grupo nuevo, del que se cambió de sillón, del que se tomó otro colectivo, etc. Había que “congelar” jugadores rivales, había que ponerse la misma ropa, había que enviar a cinco grupos la estampita de Maradona, había que cocinar lo mismo, no lavar -o lavar- la camiseta, ir a comer a determinado lugar...
Los detalles
Miles de detalles, gestos, pequeñas acciones que hicieran que el mundo fuera -parece un cuento de Borges- lo más parecido, igual, al día en que la suerte nos favoreció y ganamos. Si todo está igual, lo nuestro va a salir igual. Si perdemos, somos un poco responsables de la derrota.
No somos de palo: participamos. Digo que no es algo banal. Digo que es nuestra forma de participar, de ser activos, de “hacer algo” en una situación que nos importa y sobre la que no tenemos el más mínimo control.
Es una respuesta simbólica ante la incertidumbre porque, paradójicamente, el pensamiento mágico tiene mucho que ver con la ilusión de control: el azar parece supremo pero tenemos un montón de tretas para dirigirlo. En definitiva, digo que no hace falta creer que si nos cambiamos de zapatos la Argentina va a a perder porque un ser superior se enojará sino que más desesperante, peor, es reconocer que no podemos influir en lo más mínimo. Así, nosotros también jugamos.
Qué dicen los expertos
Lo dijo como nadie Roberto Fontanarrosa, en aquel cuento titulado 19 de diciembre de 1971. Central tiene que enfrentar a Newell’s (Ñul, escribe Fontanarrosa) y como la cosa viene difícil ya no alcanzan el gorrito que se llevó siempre, el mismo auto con el que siempre se levantó al mismo amigo, la ruda macho. Entonces alguien cuenta que hay un hombre, “el viejo Casale”, que nunca vio perder a Central frente a Newell’s.
El problema es que el señor es cardíaco y su médico le prohibió emociones fuertes, la cancha para empezar. Al narrador no le importa: con su grupo de amigos deciden secuestrar a Casale. Y, sin el menor remordimiento, lo hacen y lo llevan a la tribuna.
La palabra “cábala”, en realidad, viene del hebreo: “lo recibido”. La “cábala” es un sistema de pensamiento místico y esotérico que busca interpretar la Biblia y los misterios del universo a través de enseñanzas ocultas. Entre nosotros, sin embargo, es una práctica para invocar a la suerte.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.



