
Que los prejuicios no les impidan ir a Manifesto 13, ese bistró multicultural y superguay, por 50 euros
Crónicas de PaganiniQue los prejuicios no les impidan ir a Manifesto 13, ese bistró multicultural y superguay, por 50 eurosAunque a mí me costó 85 porque pedimos demasiado. Se trata de elaboraciones originales que...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Crónicas de PaganiniQue los prejuicios no les impidan ir a Manifesto 13, ese bistró multicultural y superguay, por 50 eurosAunque a mí me costó 85 porque pedimos demasiado. Se trata de elaboraciones originales que reclaman vinos naturales de esos que dan menos resaca Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarEsta foto tan mala de la molleja la hice yo, evidentementeEmilia LandaluceSEGUIR AUTORAActualizado Viernes, 12 junio 2026 - 00:10Celebré de nuevo mi cumpleaños en Manifesto 13 (Hartzenbusch, 12), uno de los restaurantes que tenía apuntado en la lista que me hago con las diferentes recomendaciones de prescriptores. "Un pequeño bistró italiano —así lo llaman, aunque suene a anacoluto— con influencias peruanas, que es el país de origen de sus dueños", escribió Marta Fernández Guadaño.
También contaba que el restaurante tiene un obrador que ha acondicionado para elaborar la pasta fresca que sirven cada día. Es verdad que es un sitio como muy guay, en el que sirven esos vinos naturales a los que nos han terminado de aficionar los jóvenes y que dan una resaca más leve que otros. No quiero ejercer de comensal gruñona porque Manifesto 13 no se lo merecería, independientemente de que sea el clásico sitio en el que tutearían a mi madre si la llevara a cenar.
Los detalles
Además, fuimos el pasado lunes, un día complicadísimo por ser clásico día de descanso de la hostelería. Bajo la «dirección gastronómica de la arequipeña Danitza Alpaca, que se hizo cargo de los fogones en 2025, un equipo de cocina que se define como "multicultural" (esta palabra ya nos cae mal) ofrece una carta en la que hay referencias a los orígenes italianos del restaurante. En la mesa de al lado había una pareja que celebraba que se acababa de casar, acompañada de un amigo que no dejaba de comerse las uñas a la espera de que le trajeran el primer entrante.
Por lo demás, estaba casi lleno. Evidentemente, la recomendación de la Guía Michelin es un reclamo. Éramos tres y una de nosotras, que es bastante comedida, aguantó la cena con una sola copa de vino.
(Cate y yo nos apretamos una botella y media de un tinto natural. ) Empezamos con la vieira con leche de tigre de parmesano y albahaca (ocho euros cada una) y acabamos con las entradas con los puerros con pesto de rúcula, más parmesano y pistacho. Después quisimos probar la pasta y seguimos con los ñoquis de carapulcra (un guiso tradicional peruano de patatas, carne, ají...
Qué dicen los expertos
), papada curada, cacao y maní, que es el nombre bonito de los cacahuetes. He de decir que las raciones son extremadamente generosas, así que a estas alturas ya estábamos bastante llenas. Cayeron unos pappardelle de loche (una suerte de calabaza peruana) con queso de cabra y unas mollejas con salsa meunière (mantequilla, zumo de limón y perejil) que eran un contraste interesante.
Rematamos con una milanesa de lubina que me había dado curiosidad.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





