
San Víctor de Aldama, el buen ladrón
Ha tenido que irse el Papa, que parecía que no se iba nunca, para que brotara de repente un santo súbito en esta vieja tierra de pecadores y pícaros. Lo conocen, seguro. Últimamente, se aparece día y noche en las teles...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Ha tenido que irse el Papa, que parecía que no se iba nunca, para que brotara de repente un santo súbito en esta vieja tierra de pecadores y pícaros. Últimamente, se aparece día y noche en las teles más devotas con sus ojos de cordero degollado que quita el pecado del mundo, su beatífico rostro de nada me espanta, nada me turba, y la barbada testa levitando un palmo sobre la mesa de tertulias como Jesús sobre las aguas.
Gasta el nuevo apóstol pecho de palomo bajo traje con chaleco y, prendida en la solapa cual pancarta, una cruz que le prestó una amiga para que le librara de todo mal durante su paso por el banquillo y que no se quita ni muerto por si se le tuerce la suerte en los pleitos que le quedan. Hablo, ya habrán caído, de San Víctor de Aldama, empresario corrupto confeso y convicto, exonerado por la gracia del Supremo de entrar en prisión en agradecimiento por colaborar con la Justicia delatando a sus compinches.
Los detalles
No se me malinterprete. No seré yo quien tache de lawfare una sentencia unánime, ni lamente ni uno solo de los años de talego que les han caído al exministro José Luis Ábalos y a su esbirro, Koldo García, por esquilmar fondos públicos desde el corazón del Gobierno de Pedro Sánchez.
Otra cosa es tener que soportar que Aldama, el “nexo corruptor” de la trama, además de irse de rositas, dé lecciones de santidad desde tantos púlpitos sin ponerlo en su sitio.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





