
“Somos personas, no bichos raros”: de cincuentones a veinteañeros, seis testimonios cuentan las décadas de lucha de la comunidad LGTBI+ para reclamar sus derechos
LGTBI+ es sinónimo de diversidad, pero las vivencias de muchas personas del colectivo coinciden a pesar del paso del tiempo. Y es que, ¿hasta cuándo deberán seguir conquistando sus propios espacios? Esta comunidad no...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. LGTBI+ es sinónimo de diversidad, pero las vivencias de muchas personas del colectivo coinciden a pesar del paso del tiempo. Y es que, ¿hasta cuándo deberán seguir conquistando sus propios espacios? Esta comunidad no aúna únicamente orientaciones sexuales, sino también la identidad de género, una realidad que a menudo sufre intentos de expulsión y borrado.
Sin embargo, solo hace falta echar la vista atrás para recordar que las mujeres trans fueron las primeras en tirar la primera piedra por los derechos de todos en Stonewall. Bajo esta premisa, la búsqueda de la felicidad dentro de una identidad no normativa es una historia colectiva que merece ser contada. Ante este escenario, seis personas LGTBI+ han compartido sus historias con Infobae para poner rostro a una realidad tan diversa como común.
Los detalles
Por lo general, el primer contacto con la propia identidad suele llegar envuelto en la incertidumbre, pero las herramientas para gestionarlo cambian según el año en el que te toque vivir. Para muchos jóvenes criados en la era digital, los referentes están a un solo clic de distancia, mientras que para las generaciones previas, el descubrimiento estuvo marcado por el vacío informativo y la soledad. Vanesa, una mujer vallisoletana de 49 años, recuerda cuando tenía 18 y vivía en Madrid: “Me sentía muy perdida.
Llamé a lo que antes era el Teléfono de la Esperanza para pedir información, me dijeron la palabra ‘Chueca’, me sonó rarísimo y ahí lo dejé”. Tras años de autodescubrimiento, ha optado por simplificar su realidad frente a los prejuicios: “Yo he tomado la decisión de decir: soy bollera, ¿y qué? Una desconexión juvenil que comparte Miguel, de 51 años, nacido en un pueblo de Palencia.
Aunque su aceptación interna fue inmediata desde que a los 15 años se lo confesó a una amiga, su adolescencia estuvo marcada por el aislamiento: “De los 13 a los 17 años fue durísimo; a mi alrededor no había información”. Esa presión lo empujó a refugiarse en Barcelona. “Salir del armario fue complicado, pero el apoyo de las mujeres fue mi pilar; ellas son mucho más empáticas y tolerantes que los chicos”, subraya.
Qué dicen los expertos
En el extremo opuesto, Atlas, un vallisoletano de 24 años y residente en Irlanda, no tardó tanto en entender su orientación sexual como lesbiana, pero el género supuso su propio laberinto: “Con 11 años ya sabía que me gustaban las chicas, pero siempre sentí que no cuadraba como mujer ni como hombre”. A los 20 años, un proceso de introspección le dio las respuestas: “Descubrí la identidad butch y el género no binario. Ahí me empezó a cuadrar”.
Por otro lado, Ana, una jerezana de 25 años que reside en Madrid, recuerda la complicación de confrontar su bisexualidad a los 16 años en su entorno natal: “Mis padres se lo tomaron mal. Me dijeron que era una fase, que estaba confundida por las hormonas. Me cerré en banda pensando que estaba loca”.
Su punto de inflexión fue la universidad, un espacio seguro donde descubrió que “había más gente igual y que seguían con sus vidas”. Hoy, afortunadamente, sus padres lo aceptan sin problemas. Como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





